El
Programa de gobierno de Michelle
Bachelet, ni ella misma demuestra interés alguno en avanzar para resolver
las causas pendientes derivadas de la violación de los derechos humanos durante
la dictadura.
Peor
aún, jamás mostraron interés alguno en revisar lo que fue el legado de la
dictadura y el rol de las Fuerzas Armadas y Carabineros, lo que de vez en
cuando reflota con cada vez más espeluznantes informaciones.
Ha
predominado la impunidad y la ausencia total de justicia y reparación.
El caso
de Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas ha develado sus secretos solo por la intercesión de un conscripto que habla
luego de treinta años. Jamás hubo de los gobiernos post dictatoriales interés
alguno en investigar ese caso. Y ningún otro.
La
actual presidenta y su familia se opusieron a que se investigara las
circunstancias de la muerte de su propio padre y su paso por el centro de
torturas de la Academia de Guerra de la Aviación. Increíblemente pudo más la
amistad familiar entre ella y el responsable de ese centro de torturas,
Fernando Matthei.
Durante
todos estos años la deuda con esos dolorosos temas pendientes ha cursado bajo
un manto de silencio, secreto y complicidad.
En este
lapso han sido mejor tratados los victimarios que sus víctimas. Y resulta una
curiosidad notable que haya sido un presidente de derecha el que tomó la
decisión de terminar con la cárcel cinco estrellas en la cual purgaban sus
condenas los únicos militares procesados.
Hay en
la Concertación primero y en la Nueva Mayoría de hoy, una especie de acuerdo
tácito para no remover el fango de los crímenes de la tiranía.
Luego de conocerse
las dramáticas aristas del caso de Carmen Gloria y de Rodrigo, numerosas voces
oficiales se subieron al carro para ofrecer declaraciones solidarias y de
compromiso.
Muchos hicieron
un llamado a romper el pacto de silencio que establecieron los criminales para
evitar ser reconocidos y eventualmente expuesto al conocimiento de todos.
Sin embargo lo
que debe terminar es el pacto implícito o no de los políticos de la Nueva
Mayoría que decidieron con un cálculo político egoísta e inhumano, obtener
justicia solo sobre tres: el asesinato del canciller Letelier, los degollados y
el asesinato de Carlos Prats.
La
deuda que arrastra en materia de derechos humanos “la coalición más exitosa de la historia” es de una vergüenza
efectivamente de rango histórico.
Recordemos
que ni siquiera se hizo empeño por resguardar aquellos locales reconocidos como
centro de detención y torturas, los que fueron derribados recién comenzado el
primero gobierno concertacioncita,
Los
verdaderos guardianes de esa memoria y los que han luchado incansablemente por
verdad y justicia han sido las víctimas de la tortura y la prisión y los
familiares de los asesinados y detenidos desaparecidos.
Y esa
impunidad ha tenido sus frutos. Suman y siguen los casos de golpizas, torturas
y tratos crueles y degradantes en contra de quienes se movilizan.
Represión,
tortura y muerte por parte de agentes del estado, son casos que aumentan
dramáticamente en frecuencia. Hace pocos días ha caído víctima de las balas
policiales un obrero en el norte de Chile. Su muerte se suma a las decenas de
otros muertos en iguales circunstancias y a los mapuche que han caído también
bajo las balas de las fuerzas de ocupación que en nada podrían envidiarles a
las de los tiempos del tirano.
Las razones
por las que se mata ahora, no son diferentes a las de entonces.
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