Como si
les faltara para la cuota, el gobierno de Michelle Bachelet agrega a sus
estruendosos fracasos a la cabeza del gobierno, el que corresponde a su
política exterior.
Esgrimiendo
una aritmética que intenta calzar las cosas, diversos personeros, partiendo por
la mismísima a presidenta, intentar morigerar los efectos de corto, mediano y
largo plazo que tendrá el apabullante fallo de la Corte Internacional de La
Haya, en rigor 11 a 1.
No
corta, aunque perezosa, Michelle Bachelet dispara una barbaridad: Bolivia no ha
ganado nada. Abogado después de todo, y democratacristiano para más desgracia, su
Ministro del Interior le enmienda la plana: desde el punto de vista procesal
Chile perdió.
En qué
quedamos.
Y el
coro de ángeles del sistema se une en una fotografía mercurial en la que
aparecen con caras de acontecimiento, a punto de soltar el llanto y con
irreprimibles ganas de tomarse de las manos, desde Guillermo Teillier
hasta Hernán Larraín, juntos como
hermanos. Bueyes sin cuernos, la debacle de la política exterior tiene en la
política interna una aplicación milagrosa en la que todos tienen cabida.
Casi
todos. La mayoría no está invitada.
Ha
quedado demostrado que las cosas siempre pueden ser peores. Y que esta
generación fracasada en lo que se refiere a haber democratizado un país
fracturado por la más sanguinaria de las dictaduras, puede sumar ahora su
fracaso en lo que respecta a uno de sus escenarios internacionales que más
escuece.
Fracasó
el Canciller Heraldo Muñoz, más preocupado de desplegar su enfermizo
anticomunismo, su aversión por los procesos democráticos de algunos países
latinoamericanos y su encono por el
estilo de algunos de sus líderes. Y, por
cierto, sumiso, bisagra y yes man del
imperialismo.
Y
también ha quedado demostrada la chatura con que la casta dominante entiende su
rol en el barrio en el que se vive.
Ganados
por los principios genocidas e inhumanos de la
ultraderecha chilena, quizás una de las más sanguinarias del mundo, los
que ayer hablaban desde la izquierda, ahora consideran que por su blancura de
piel, su garbo y su genética, a Chile le correspondería situarse, por lo menos,
entre Bélgica y Luxemburgo.
Y los
medios de comunicación dominante, versión escrita o televisada de esa misma
chatura, se hacen eco de la ignorancia cultivada con esmero para mejor
controlar a la chusma sometida a un patriotismo falso, estéril y peligroso que
estimula lo peor de la ignorancia e impone falsas y también peligrosas
consignas.
Toda la
chimuchina creada a partir de los errores y fracasos de la política exterior
chilena, no hace sino estimular afanes guerreristas de la casta militar y sus
adláteres civiles.
Por
cierto, la cacareada propuesta de terminar con el diez por ciento que se llevan
las FF.AA., interminables fondos que en parte han ido a parar a bolsillos de
ladrones con uniforme que se la han robado, va a ser uno de los principales
efectos. Y se estarán poniendo a punto los motores de los aviones, de los
tanques y demás artilugios de guerra para confirmarlo.
Y
cualquiera que ose decir algo distinto, corre el riesgo de ser considerado un
traidor a la patria.
Por eso
preocupa que en este trance compañeros comunistas no levanten las voces que en
otras oportunidad han alzado y que tienen que ver con el sentido americanista
de la causa de la izquierda, de la solidaridad, la integración y la convicción de
que el futuro de nuestros países, de haber uno, se relaciona con la unidad
latinoamericana y una estrategia de desarrollo no capitalista, abjurando del
neoliberlismo.
Mientras
en otras latitudes se avanza en términos de acercamientos de enemigos
históricos, veamos los casos de USA y Cuba y las guerrillas de las FARC EP y el
Estado colombiano, mediante ejercicios de una real voluntad de superar las
divisiones, en Chile se cava la trinchera rasca de la defensa patriótica y se
considera a un país vecino, como el enemigo a vencer.
Hasta
el fin de los días, Bolivia será un país vecino del nuestro y en una proyección
de desarrollo humano, con el mundo a punto del colapso, con la energía cada vez
más cara y compleja, con la escasez de agua y de otros recursos naturales, lo
que corresponde es una mirada generosa, humana y de largo plazo.
No la
bizca y miope del poderoso que solo busca llenarse, nadie sabe para qué, de más
y más dinero. No la del estúpido nacionalista al pedo que se masturba con
símbolos y banderas.
El
sueño bolivariano de la integración latinoamericana, tantas veces masajeado por
los ex izquierdistas hoy atrapados en el cambulloneo del poder, sigue siendo un
horizonte humano que puede hacer de la vida sobre este continente algo mucho
más interesante que la mera sobrevivencia.
América
Latina puede ser la alternativa para generar una opción que permita creer que la
humanidad se salvará del capitalismo, que es como decir del exterminio. Pero
para una perspectiva de esa envergadura se necesitan hombres y mujeres despojadas
de la egolatría, la soberbia y el egoísmo que lucen quienes hoy detentan todo
el poder, que es como decir, todos los temores.
Buenos
vecinos, buenos humanos. Malos vecinos,
malos humanos.
A esta
altura de la historia, la patria del hombre es la tierra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario