Los esfuerzos titánicos del duopolio que administra el
modelo por mantener un sistema educacional que se cae a pedazos, pero que
sigue siendo un buen negocio, está íntimamente ligado al cariño que se le tiene
a todo el resto del sistema. El empeño por defenderlo, más bien parece un acto
de amor.
Las definiciones constitucionales tanto como la
producción jurídica del último cuarto de siglo, demuestran que la educación es
una actividad económica, expuesta como todo negocio a los vaivenes del mercado.
El diseño chileno, único en el mundo, es una vergüenza en
muchos aspectos, pero no como negocio. Y, por cierto, notable como la cuna en
la que se cría el habitante modelo de una sociedad en que lo que tiene valor,
es lo que puede mostrar su precio.
Se pierde en la memoria de los tiempos el esfuerzo que
tanto estudiantes como profesores viene desplegando para mostrar las razones
que salen de lo más profundo del aula, que es donde se verifica el fenómeno
educativo y se encuentran ambos actores.
Y lo que se ha recibido por parte de los mandamases ha
sido un profundo desprecio para ambos. Se adjudica al profesor la
responsabilidad por la mala calidad de la educación y no se dice que esa mala
calidad es esencial al modelo.
Y los estudiantes son en ese mercado que mueve números
millonarios, clientes que si no les gusta lo que compran, pues que no compren o
vayan a buscar en otro lado
La mala educación es inherente a esta sociedad modelada
por los políticos de apariencia decente, los que, ha quedado demostrado, han
sido serviles a quienes les han pagado desde el sueldo, hasta las cuentas de
sus teléfonos.
Y han sido esos mismos millonarios, herederos legítimos
del mismísimo tirano, ávidos de mano de obra barata, silenciosa, e ignorante,
los que han impuesto su idea de escuela: que modele, reproduzca e inhiba el
pensamiento. Que genere sujetos enchulados, admiradores de la fuerza y los
brillos fatuos del blin blin.
Profesores y estudiantes no han bajado la guardia en los
últimos veinticinco años, tal como no las bajaron en los tiempos del tirano. Y,
cosa curiosa, las razones por las que salen a pelear hoy, no son tan distintas
a las de antes.
Descontado el rasgo castrense de los fundadores del
sistema educacional, las directrices constitucionales lo definen como una
actividad económica más, son exactamente las mismas que antes.
Más bien las mismas, pero corregidas, aumentadas y
perfeccionadas en veinticinco años de ministros entregados en cuerpo y
alma al neoliberalismo y de legisladores con evidentes intereses en ese negocio
que ha dejado enormes ganancias.
La presión del mundo social, profesores y estudiantes, ha
logrado avances de relativa importancia, en los cuales son más destacables las
trampas que lo que se dice corregir.
Cada vez que se ha debido negociar, tanto profesores como
estudiantes se cruzan con sujetos que parecen odiar todo lo que huela a gente
reclamando sus derechos. Asesores, jefes de gabinete, delegados, y turbios
operadores, no ocultan su poca simpatía por docentes y estudiantes a la hora de
buscar acuerdos.
Así, lo que el eufemismo llama negociación con los
profesores, no fueron sino reuniones en las que los representantes de las
autoridades escuchaban y tomaban notas para luego de ese estéril y estúpido
proceso, sacar entre gallos y medianoche su pretendida ley de Carrera Docente,
que sería en breve resistida por el 97% de los profesores.
Atrás, muy atrás, quedaba la martingala presidencial que
el 21 de mayo del año 2014, avisaba que esa ley sería hecha con los profesores.
La verdad, es que de los planteamientos de los dirigentes
no cooptados por el gobierno o los partidos de la Nueva Mayoría, el equipo de
contención puesto por el Ministerio de Educación no consideró absolutamente
nada.
Y así, estamos en medio de un paro indefinido del que se
ha sabido se busca detener a toda costa. Numerosas versiones, confirmados
reservadamente por parlamentarios de gobierno, hablan de operadores en
reuniones con el equipo político de La Moneda y los presidentes de los partidos
de la Nueva Mayoría diseñando una táctica que liquide el paro en la
próxima Asamblea gremial
En este escenario, es posible rastrear un malestar muy
profundo y extendido en el magisterio. Y quizás, ni todas las operaciones ni
todos los operadores puedan detener esa rabia contenida que amenaza con
desbordar a la conducción oficial del gremio, como sucedió en año pasado.
El enojo docente que los ha hecho asumir un paro a pesar
de los descuentos, las amenazas y las mentiras que se diseñan para
desprestigiar su movimiento, quizás ya no se pueda contener y el régimen deba
aceptar modificaciones reales.
Con todo, no se puede confiar en nada. Cada vez que se ha
logrado algún avance nominal, en los hechos, la letra chica, los reglamentos y
los procesos legislativos y administrativos, han dejado las cosas casi tal como
eran.
Tal como sucedió con la Superintendencia, definida de
manera magistral para fiscalizar al sistema educacional: la promulgación de la
ley tramposamente llamada de Inclusión Escolar, que se supone pone fin al lucro
al copago y la selección escolar, tiene tantas trampas, que al final, la cosa
no va a ser tan distinta de lo que es.
No hay que esperar mucho en esta pasada. Manos negras se
han movido para traicionar de nuevo al magisterio.
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