Comienza
a circular la verdad en el caso que intentó crear el diputado Felipe Kast con
su supuesta detención y malos tratos sufridos en Cuba.
Como se
sabe, el diputado ultraderechista visitó La Habana y participó en un marcha de
las Damas de Blanco, colectivo a sueldo de los sectores ultraderechistas con
asiento en Miami. Numerosas veces se ha denunciado documentalmente que ese
grupo de mujeres solo las mueve el financiamiento que reciben de las agencias
que buscan desestabilizar el gobierno de la isla.
En
cualquier país del mundo, agentes nacionales que reciban financiamiento,
órdenes y orientaciones de potencias extranjeras, cometen un delito que, en el
caso de chile es castigado a duras penas, según lo establece el Código Penal.
Pero Felipe
Kast, ni corto ni perezoso, con el ánimo de hacerse el lindo con la alicaída
derecha nacional y sus cavernarios financistas, se agregó a la demostración
habanera la que fue reprimida por la policía, siendo detenido junto con las
personas que participaban en la protesta.
De ahí
en adelante la afiebrada casta mentirosa de Kast, hace su aparición para
inventar una versión en la cual es acorralado por grupos de choque del régimen
de Castro, para luego ser detenido, golpeado, humillado y luego expulsado del país.
Por
cierto, los medios de comunicación de la ultraderecha chilena, casi todos los
que existen, se hicieron eco de la
denuncia del honorable acusando a Cuba de violar sus derechos humanos más
elementales.
Hace un
par de días, el honorable ultraderechista, cuya familia está involucrada en la
detención, tortura, muerte y desaparición de chilenos durante el golpe de
Estado, se entrevistó con otro anticomunista, el canciller Heraldo Muñoz.
En esa
oportunidad Felipe Kast le exigió a la autoridad que presentara una nota de
protesta ante el gobierno cubano por la humillación que había sufrido el
diputado, cuya extirpe nazi ha quedado develada hace muy poco.
Diligente
y disponible, el canciller habría llamado a La Habana para notificar la presentación
de la protesta, pero hasta ahí no más llegó la historia.
Las
autoridades cubanas fueron muy claras: si Santiago presentaba esa nota de
protesta, La Habana haría público el completo video que registró a Kast desde
el momento en que es detenido hasta que fue puesto en el aeropuerto de regreso
a Chile, y en el cual por cierto, no aparece ningún mal trato, abuso,
humillación o golpiza como lo denunciara el diputado.
Santo
remedio. Hasta ahí no más llegó la
bravata mentirosa, fraudulenta y cobarde de un honorable.
El
canciller, obligado ante esa evidencia, no tuvo
más opción que negar la nota diplomática para evitar un chascarro mayor.
El montaje canalla de Kast, había sido develado como lo que es: una mentira de
cabo a rabo.
Quizás
le alcance el ejemplo vivido para saber que con Cuba no se juegan esos albures
estúpidos. Le ocuparía leer solo un poco de la historia reciente de la
revolución cubana como para caer en cuenta que si ha logrado sobrevivir durante
más de cincuenta años será porque ha sabido combatir a sujetos con algo más de
entendederas que el diputado.
Una
cosa es ser fascista y otra ser tonto. Lo peor, es cuando esas dos lacras
humanas toman expresión en un solo sujeto. Como el caso del diputado de la
república de Chile Felipe Kast.
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