martes, 16 de septiembre de 2014

Nadie se mueva...!!

El Ministro del Interior, afectado por el efecto buscado por quienes instalaron la bomba de la Escuela Militar, declara que la nueva ley que defina la Agencia Nacional de Inteligencia, considerará la figura del agente encubierto.

Junto con ser la respuesta esperada por los terroristas, es una sutil forma de amenaza: no participes, no te unas: el del lado puede ser un agente de la inteligencia.

Esos anuncios no pueden sino ser considerados como una advertencia al movimiento social. De las declaraciones del Jefe de la ANI en el sentido de que se sigue una línea investigativa en los movimientos o grupos llamados anarquistas, que como sabemos son grupos que participan en el movimiento estudiantil en sus organizaciones, marchas y movilizaciones, se entiende una notificación que hay que tomar en cuenta en toda su amenazadora extensión.  

Cuando estos políticos piensan en agentes encubiertos, piensan en penetrar organizaciones  sociales de izquierda, como sea que se entienda esa intrincada red de personas y colectivos. Contagiados por ese furor antipopular con que la derecha les corrigió su juvenil ímpetu revolucionario, hoy, asentadas sus posaderas en los sillones desde los que se manda, las autoridades no titubean en tildar de mala manera a los estudiantes.

Si de verdad se quieren prevenir actos de terrorismo, que se infiltren las filas de la UDI o RN, partidos en los cuales está más que probado, superviven sujetos que fueron funcionarios de la dictadura. Y otro aporte sería saber qué hacen los miles de agentes de la CNI que caminan como Pedro por su casa, viviendo a expensas de esta pseudo democracia
Asumiendo el hecho evidente que las fuerzas armadas necesariamente deben tener un trabajo de penetración de larga data hacia los partidos políticos, ¿cuántos de los actuales dirigentes políticos, parlamentarios, ministros, podrían ser infiltrados de las agencias militares o policiales?

Durante la dictadura, la DINA – CNI logró infiltrar a organizaciones que se consideraban enteramente a salvo de la penetración enemiga, sin embrago es sabido que en algunos casos los agentes llegaron a niveles de mandos superiores. Si fue posible tal en circunstancias de gran compartimentación y selección de militantes, con mayor razón sería posible hoy cuando la antigua disciplina fue reemplazada por la laxitud propia del servicio público.

Por otra parte, recuérdese los agente de la CNI Berríos y Gac, el primero fundador del PPD y el segundo militante del PS, que infiltraron la Confederación de Trabajadores del Cobre y la Coordinadora Nacional Sindical, respectivamente.

¿Eran los únicos topos? ¿Cuántos otros quedan en los partidos que forman la Nueva Mayoría? ¿Cuántos políticos que hoy aparecen en la televisión, dirigentes gremiales, periodistas, lobistas, o funcionarios del Estado son digitados controlados y financiados por la CIA u otras agencias de inteligencias de las grandes potencias?

¿O será Chile el único país en que esas cosas no suceden?

A las complicaciones propias de las organizaciones sociales enfrentando a un gobierno neoliberal, ahora se agrega la amenaza confesa de que sus acciones y dirigentes serán monitoreadas por soplones a sueldo.
Los nuevas brazos seculares que harán el trabajo sucio del soplonaje y la represión por razones políticas, conducta que pudre aún más esta pseudo democracia, en breve echarán mano a todo cuanto esté a su alcance con tal de detener el avance del movimiento popular, fin último de las criminales provocaciones con forma de bombas colocadas en lugares públicos.

No es descabellado pensar que con estas lógicas represivas comiencen a aparecer comandos de sicarios, secuestradores o provocaciones mayores.

Cuando las maquinarias oscuras que buscan la represión de los movimientos populares alcanzan cierto ritmo ya no hay autoridad que las pueda controlar. Utilizar estas herramientas para detener el movimiento político y social que legítimamente se opone a la marcha del país, es altamente riesgoso y por demás inmoral.

El uso de lógicas militares contra personas que hacen valer un derecho ganado con alto grado de sacrificio, con miles de muertos y desaparecidos, es una muestra del desprecio que siente la nueva casta dominante en contra de la gente.

Nadie se mueva, estamos todos en la mira.

 http://www.elclarin.cl/web/opinion/politica/13091-nadie-se-mueva.html

Hinteligencia y bombazos


Si consideramos el rol de las agencias del Estado que tienen la responsabilidad del acopio de inteligencia, hemos estado en manos de unos torpes con carné.

Tamaña suerte que los países vecinos no tengan interés en hacer la guerra con Chile. Lo más probable es que los ágiles recolectores de información se den cuenta cuando ya salga aroma de bife chorizo desde el Mercado Central.

Las agencias de inteligencia han tenido como propósito solamente controlar a los movimientos sociales y criminalizar sus expresiones más agudas. De tarde en tarde, un agente encubierto que infiltra las manifestaciones de la gente, es descubierto para vergüenza de sus jefes. Confunden inteligencia con represión. Y sería todo.

Los inteligentes directores de esas agencias no encuentran manera más burda y bastarda para provocar la deslegitimación de un derecho ganado con sangre sudor y lagrimas, que ordenar a un agente secreto infiltrado que inicie las hostilidades para que luego, los agentes pagados dispuestos en los medios de comunicación, hagan los suyo en términos de imágenes y versiones.

Para generar una situación de sicosis, se instalan bombas en lugares de acceso público. Los medios de comunicación hacen su agosto mostrando destrozos, heridos, testimonios y paralelos con otros casos.

Los más extremos asocian esos hechos criminales con el movimiento estudiantil. Otros, disponen a sus reporteros como si estuvieran transmitiendo desde algún  teatro de operaciones del Asia. Y la guinda de la torta la pone la presidenta al reunirse de emergencia con los partidos políticos para comprobar que el statu quo se alinea para apoyar las medidas conducentes a identificar a los hechores y lograr para esos criminales los mayores castigos mediante la creación de nuevas leyes.

Y luego, el tongo que de no ser de la más alta gravedad debería mover a risa: se llama al FBI para ayudar en la investigación del atentado. Todo lo hecho, para finalmente dejar en manos extranjeras algo que debería ser enfrentado por las autoridades en las que el erario nacional gasta una fortuna diaria para su mantención.

¿De qué ha servido al aparataje secreto de las agencias estatales dedicadas a la inteligencia si cuando se necesita su concurso lo primero que se hace es pedir ayuda a la temible FBI?

Financiar, soportar, aceptar una agencia como la ANI, cuyas tareas misiones y medios están nítidamente descritas en la ley que la crea y lo más probable que en otros textos no muy públicos, para luego traer a una agencia que se va a entrometer vamos a saber en qué misterio, habla muy mal de todo el sistema.

Mejor que se firme un estatus de estado libre asociado y evitamos complicaciones.  Vergonzosa manera de colonialismo la que vemos.

Para muchos investigadores honestos  las pistas conducen hacia los brazos armados de la ultraderecha nunca desarticulados del todo por la cobardía de los gobiernos de la Concertación.

Los únicos que han desplegado el más criminal terrorismo en la historia del país, son los que impulsaron, promovieron, apoyaron y defendieron el terrorismo de Estado que se prolongó por largos diecisiete años.

Un investigador serio debe partir por ese análisis y las circunstancias subyacentes. Los bombazos sin autor se realizan en un contexto definido por el acorralamiento que sufre el sistema luego de la ofensiva sociopolítica que comenzó el año 2005, llegó a su mejor expresión el 2011, y que hoy se expresa en el cambio de agenda del sistema que llega a sus límites permitidos por sus sostenedores, encubridores y administradores.

Los empresarios han amenazado con duras sanciones de no considerar sus ganancias en el arrebato pseudo reformista de la Nueva Mayoría. El sistema se ve imposibilitado de cooptar a las organizaciones estudiantiles por el casi inadvertido hecho que sus dirigentes duran solo un año en sus cargos. Notable diferencia que los distancia de organizaciones cooptadas para servir al poder, como es el caso de la CUT.

Los poderosos nunca han aceptado tranquilamente que el populacho se alce con sus exigencias. Y lo demócratas y respetuosos del Estado de derecho les dura sólo hasta que ven amenazadas sus fortunas. Luego viene los atentados, los asesinatos, los sabotajes, la sedición.

Si quieren encontrar, busquen en los únicos nidos de terroristas que ha conocido la historia nacional: la ultraderecha.

 http://eldesconcierto.cl/hinteligencia-y-bombazo/

miércoles, 10 de septiembre de 2014

El extraño caso de las bombas sin papá



Casi no existe caso en que se coloque una bomba sin decir para qué y quién lo hace. Cosa rara, parecidos en ubicación y orfandad, el de la línea cinco del Metro y el de la estación Escuela Militar, comparten lo triste que debe ser  para un bombazo no ser reconocido como hijo, como obra, como objetivo.
Toda operación de esta naturaleza tiene un propósito político. Sea reivindicar la causa contra el capitalismo y sus lacras, sea combatir el comunismo y sus maldades, quien coloca un artefacto explosivo necesita dar a conocer su motivación. Por jugar, por ver el efecto que produce, por calcular lo bien que quedó la pólvora hecha en el patio de la casa, nadie lo hace.
En estos casos, juegan un papel relevante los perfiles de quienes acuden a las explosiones indiscriminadas para dar a conocer sus rabias, exigencias o misiones. Cada uno de los que comparten esos medios, buscan que su acción les reporte ser conocidos, y eventualmente emulados por otros. Su obra queda de sobra reivindicada cuando salen sus siglas, sus exigencias o sus rabias en los canales de televisión o en los diarios.
¿Pero hacer reventar un lugar concurrido y no decir por qué o contra qué? Raro. Muy raro.
Porque no es muy difícil preparar el explosivo. Basta poner “pólvora negra” en su buscador favorito y de inmediato se va a desplegar una infinita cantidad de sitios en los cuales le indican cómo hacerla.
Aquí solo diremos que la fórmula más elemental es: 75% de nitrato  potásico, 15% de carbón y 10% de azufre, nada que no se pueda comprar en el mall más cercano.
Como vemos, lo difícil no es acceder al explosivo que permitirá salir en los diarios y en los canales de TV. Lo complicado es diseñar la operación que permita salir indemnes de la policía, los controles y las cámaras de seguridad.
Esta parte requiere de ciertos conocimientos operativos, en especial los relacionados con los enmascaramientos de las señas físicas y del mismo explosivo, las vías de acceso y escape, los vehículos necesarios, la ubicación exacta de las cámaras de seguridad que en el último tiempo han proliferado en la ciudad. En otras palabras, nadie que va a volar un lugar poblado de personas, improvisa su cometido.
Hacer todo ese camino para luego no reivindicar su obra, no tiene sentido. A menos que nuestro objetivo sea precisamente estimular la imaginación, el estigma, el prejuicio justo en el momento adecuado.
Pero hacer todo ese camino para luego no reivindicar su obra, no tiene sentido. A menos que nuestro objetivo sea precisamente estimular la imaginación, el estigma, el prejuicio justo en el momento adecuado.
Cuando nadie fue, cualquiera pudo ser. Cuando no se dice para o contra qué, cualquier objetivo es posible.
El mensaje, cuando no existe, es de algún modo claro: desde ahora en adelante, puede ser a fulanito del tal al que le toque ser víctima de la explosión de un extintor cargado de pólvora negra.
Lo que se busca alterar es algo que tiene que ver con personas cualquiera, en estos casos, con los ya castigados usuarios del Metro. Más raro aún.
Estamos en presencia de una operación de gente que sabe lo que quiere y que no lo hace contra el Estado, los órganos de la represión, los ministerios, la residencia de la autoridad, el cuartel policial, el banco ni la farmacia.
El objetivo es algo de mucha mayor importancia y que reside en la gente común ¿Faltará ahora un supermercado, un bus del Transantiago, una feria libre?
Estas bombas, por muy huérfanas que parezcan, tienen padres que saben muy bien lo que hacen. Como sugirió Garganta Profunda al periodista Woodward, quien siguiera la pista del dinero en el caso Watergate, hoy ante esta serie de bombas sin padre, correspondería sugerir seguir la pista del miedo.

martes, 9 de septiembre de 2014

Bombas, reformas y adobes


Cuando repetimos que la ultraderecha chilena es una de las más sanguinarias de las que se conocen en el mundo, no decimos nada que la realidad pueda contradecir. El odio ancestral de los poderosos por todo lo que huela a populacho, la ha hecho generar masacres a lo largo de toda la historia del Chile republicano.
 Finalmente, toda matanza de trabajadores desarmados, hombres, mujeres y niños, que luchaban por mejoras en sus condiciones de vida, fueron decisiones políticas.
 Lo que ocurre cuando Carabineros apalea sin misericordia, o gasea  de manera criminal, incluso cuando ha asesinado personas, no es algo diferente.
 La autonomía que tienen los mandos policiales para operar aún sin la directa e inmediata autorización de la autoridad política le permite decidir cómo, cuándo y con qué reprimir a quienes, se supone, hacen uso de un derecho ganado.
 Resulta parte del paisaje democrático ver como pestilente agentes del orden, a buen resguardo en sus exoesqueletos y vehículos blindados, golpean estudiantes con el salvajismo propio de las tiranías.
 Como infiltra a manifestantes, controla desde el aire con drones, provoca con el mayor de los descaros pacíficas ceremonias y marchas, se instala en territorio mapuche como tropas de ocupación y todo eso, y mucho más, no solamente pagado con los malditos impuestos, sino que como si fuera un hecho normal adosado a la naturaleza de esta democracia.
 Pero, a pesar de su brutalidad, esas actuaciones políticas de la policía y de los militares responden a cierto contexto. No son casuales.
 Como se sabe, el gobierno de Michelle Bachelet tiene el objetivo mayor de tranquilizar al país que había dado señales de un inaceptable desorden. Para el efecto, ha prometido una serie de reformas en los ámbitos que tiene que ver con la esencia del modelo: la educación, que es donde se reproduce y en lo tributario, que es donde se roba.
 La ultra derecha ha dado fiera batalla. Para el efecto de lograr una reforma tributaria que deje las cosas peor que antes, han contado con la valiosa contribución de sujetos que militan en partidos en los que la CIA ha tenido que ver en más de una oportunidad. El resultado: una reforma a pedir de boca de los poderosos.
 La dificultad radica en la otra reforma: la educacional. Ha quedado claro para los que mandan desde las sombras, que la única manera de imponer un cambio que no sea tal, debe ser por la vía de imponerlo por la fuerza.
 Ya habrá quedado claro también, que, aún cuando se despliegue la represión, dura, brutal, inhumana, criminal, los estudiantes seguirán siendo capaces de enfrentarla por la masividad de sus convocatorias, por la lucidez de sus dirigentes, por la bronca que de tarde en tarde, se expresa en la gente.
 El corolario es que son necesarios mayores grados aún de violencia para detener al movimiento social. Pero, con la dificultad para reorganizar comandos conjuntos y otros mecanismos represivos que reinaron durante la dictadura, se concluye que es necesario reforzar la ley, en especial, la que dote de mayores atribuciones, medios y alcances la que ya existe y que da vida a las agencias que vigilan a los ciudadanos y complotan contra sus derechos.
 Y aquí llegamos a la necesidad de generar un estado de situación tal, que legitime esas mayores medidas represivas contra el movimiento social. Y para el efecto, los actores involucrados en estas operaciones de inteligencia, juegan su rol: la explosión criminal de una bomba y luego el despliegue de canales de televisión, autoridades policiales y militares, especialistas en terrorismo, políticos de cartón, comisiones de estudios, ministros, parlamentarios, abogados y mucho periodismo vendido.
 La colocación de un artefacto explosivo que dañe a gente inocente, siempre va a ser un acto criminal. Un sujeto que crea que de esa forma realiza un acto en contra del sistema, del capital o el orden, es raro que exista.
 Estamos más bien ante una serie de operaciones de inteligencia destinadas a crear un estado de cosas que obligue al gobierno a morigerar sus ya deslavados ímpetus reformistas, y de paso, aumentar la represión contra el movimiento social, acusado de soslayo de estar detrás de semejante acto de vandalismo.
 A los autores de esos ataques hay que buscarlos en las agencia de inteligencia que financia el estado, y, eventualmente, los poderosos.
 Como sabe hasta el más ingenuo, de haber sido delincuentes comunes los del asalto al camión del aeropuerto, ya habrían sido capturados. Existe una probabilidad que bombas y billetes, no estén tan desligados unos y otros, y la operación del camión blindado no haya sido sino para financiar operaciones de terrorismo que creen la idea de grupos de izquierda operando y ese hecho justifique vaya a saber uno qué nuevos crímenes políticos.  
 En este país, es tan muy común ver muertos cargando adobes, que ya nadie se sorprende de prodigio.


lunes, 8 de septiembre de 2014

Le tengo mala a Parra

Ricardo Candia Cares

Le tango mala a Parra, y adelanto que debe ser por un exacerbado resentimiento social..

Será porque siempre anda como recién levantado, sin haberse lavado la cara ni los dientes aún. Parra parece que siempre tiene frío. Aunque su cara de viejo caliente, para decir las cosas como son, como sea es una virtud.

Le tengo mala a Parra porque lo más probable es que sus cosas ingeniosas se les haya ocurrido a otro muchos antes que a él, pero sin la capacidad que ha generado Parra: ese coro de sujetos que le celebran hasta lo pedos.

Le tengo mala a Parra desde aquella remota noche que en la oscura Peña de la Casona de San Isidro, sería el año 1980 y yo tenía mis pencazos en el cuerpo, un escritor medio conocido le dijo a otro también algo famoso, ambos en otra mesa, que Parra le daba copete a su hermano Roberto y le robaba los poemas que este último, encañado por completo, hacía sin saber que su destino era la autoría de su hermano profesor de física.

Le tengo mala por haberse refugiado en el Departamento de Estudios Humanísticos de la Escuela de Ingeniería de puro cagado de miedo, estado en el que estábamos todos, y no haber arriesgado ni un pelo cuando muchos, no todos, lo hacían en su medida.

Le tengo mala a Parra porque tiene un ingenio superado por cualquier cargador de la vega o choro encanado en la Peni. Póngale a esa gente un cartonier de luca dos y su grabadora en on. Lo que escuche, comas más, puntos menos, será pura poesía sospechosamente parriana y mejor.

Le tengo mala a parra por haber vivido cien años sin que se le viera un pelo en ninguna parte y sólo recibiendo, supongo, a su corte de aduladores que esperaban media hora para que él se inspirara y saliera con algún pastel que luego era elevado a la suma de la creación.

Le tengo mala a Parra porque su sobrino, y quizás el mismo Parra no tenga culpa, acusa a los cubanos por no haberle sido concedido el Premio Nobel, como si los cubanos tuvieran poco de que ocuparse con los problemas que tienen.

Habría que preguntarle al esnobista nieto cuyo nombre Tololo es el mismo que en las cárceles se les da a los gendarmes recién salidos de la escuela, si eso de verdad lo dijo su abuelo o son cosas que se le ocurren de puro heredero no más que es.

http://eldesconcierto.cl/le-tengo-mala-parra/

Hace veintidos años...

Hace cuarenta y cuatro años, un día cuatro de septiembre como hoy, escuché parte del discurso que el presidente Allende recién electo, hizo desde los balcones de la sede de la FECH, ubicada entonces frente a la Biblioteca Nacional. Exactos veintidos años despues, escuché el primer vagido de mi hijo Ricardo que nació a las dos y diez de la mañana de este mismo día. Hoy es una de las mejores personas que conozco y al que amo con todo el corazón.

Fragmento de la novela "Operación Cavancha"

"Se había ganado el derecho para estar en la vanguardia del asalto definitivo. Su unidad había estado en las primeras posiciones durante todo lo que duró la ofensiva final, y ahora, su misión era encabezar ese asalto definitivo y evitar que el tirano abusara de las buenas intenciones del gobierno provisional, insistiendo en condiciones que los ganadores no tiene por qué aceptar a los perdedores. Su unidad estaba compuesta por estudiantes que aún no llegaban a segundo medio, pero que habían dado muestras de una ferocidad en la batalla, que asombraba hasta el más veterano de los combatientes. Una vez un corresponsal de guerra, alucinado por esa tropa de niños casi tan altos como sus fusiles FAL, le preguntó por qué combatía con ellos. No supo de donde vino su respuesta:
- A la edad de ellos el miedo aún no ha sido capaz de eclipsar su odio.
- Y a usted le parece bien eso-, replicó el periodista sin esconder su molestia.
- Odiar es mucho más sano que aparentar una santidad suicida. No confunda el odio con la maldad.
Y dejó al reportero mascullando palabras contra quienes utilizan niños en los conflictos bélicos, mientras desaparecía con su escolta de adolecentes. El objetivo era hacer prisionero al tirano para luego levantar una jurado internacional que investigara sus crímenes y finalmente, depositarlo en una cárcel de por vida, junto a sus principales asesores y colaboradores. La ciudad estaba tomada por miles de hombres y mujeres en armas y el mando hacía esfuerzos para evitar que esa chusma ascendiera hasta los barrios altos en busca de venganza. De hecho, hubo que hacer muchos esfuerzos para que un grupo que había ocupado una batería de obuses de 105 milímetros, cejara en su intención de disparar contra los cerros de Vitacura."