miércoles, 14 de octubre de 2015

El futuro de la rebelión docente Revista Punto Final Nº


Los intentos de los profesores por establecer una Carrera Docente que regule el ingreso, permanencia y salida del sistema, no es algo nuevo. El Congreso de Educación del Colegio de Profesores del año 1997, es un hito en ese sentido.

Desde entonces datan los intentos por superar el Estatuto Docente, que mantiene lo esencial de lo dispuesto por la dictadura.

El proceso de municipalización de los años ochenta no fue sino la decisión de privatizar el sistema educacional público. Ese proceso posibilitaría que al presente, más del 70% de la oferta educacional esté en manos de sostenedores particulares subvencionados por el Estado, y se haya transformado en un lucrativo negocio.

Al advenimiento de la democracia abrió, como a todos,  razonables expectativas en el mundo docente.

Durante los primeros gobiernos de la Concertación los profesores tuvieron  largos procesos de negociación cuyos resultados consiguieron regular en parte su labor, aunque siempre en condiciones desventajosas comparadas con el sector particular subvencionado

Aún así, el Estatuto Docente no ha hecho sino sumar causales de despidos, agobio laboral, evaluaciones, contratos aberrantes, trabajo en condiciones desmejoradas, una carga laboral que sacrifica horas consagradas a los hogares y la familia, etcétera.

Pero el discurso oficial ha instalado la idea de que los profesores están en el origen de la mala calidad de la educación chilena, obviando las condiciones del medio, la pobreza y marginación de vastos sectores de la población, y le hecho indiscutido de que Chile ha devenido en uno de los países más desiguales del planeta.

El segundo período de la presidenta Bachelet anunció tres reformas llamadas de fondo: educacional, tributaria y constitucional.

Como se sabe, la Reforma Tributaria finalmente salió de un acuerdo culinario en el que  pesaron más los intereses de los grandes empresarios que el ánimo discursivo de emparejar la cancha y la cosa quedó más bien donde mismo, sino peor que antes.

Despejado el hecho previsible de que la Reforma Constitucional mediante una Asamblea Constituyente  no verá la luz en este período presidencial, al gobierno no le quedó otra que jugar sus fichas en su anunciada reforma educacional que contempla una Política Nacional Docente.

Así, en el discurso presidencial del 21 de Mayo del año 2014 Michelle Bachelet manifiesta su decisión de que la futura carrera profesional docente sería construida con el concurso de los profesores.

Pero no solo fue un proyecto inconsulto, sino que la decisión gubernamental de legislar se tomó en medio de la más severa y profunda crisis del sistema político en lo que va de post dictadura

La feroz caída de la credibilidad presidencial, empujada por el caso CAVAL que aún no terminan de aclararse, y los reiterados casos de corrupción, cohecho, exacciones ilegales, financiamientos irregulares a políticos de todo el espectro, han creado una situación de crisis aún no da visos de terminar.

Y la debacle es de una profundidad tal, que recién cumplido un año de gobierno, los ajustes ministeriales y del rumbo del programa parecen más bien medidas para administrar su final precoz, que sus ajustes necesarios.

En ese contexto, el paro docente que esta semana cumplió cincuenta días se relaciona también con un estado de crispación de los profesores ya manifestado el año pasado en lo que se llamó La Rebelión de las Bases, en que hicieron su aparición sectores movilizados disidentes a la línea oficial del gremio, encabezada por el militante PC, Jaime Gajardo.

No se sabe si fue por una falla en la predicción del escenario o por una errónea evaluación del contexto político y gremial, el caso es que la Política Nacional Docente fue propuesta de la peor manera en el peor momento.

Luego de semanas de conversaciones con el Ministerio de Educación, la mesa nacional Colegio de Profesores rechazó la oferta oficial porque no incluía cuestiones esenciales: no considera la formación inicial, no supera las condiciones laborales de agobio en límites inaceptables, no se refiere al aumento de horas no lectivas versus lectivas, tampoco dice nada respecto del número de estudiantes por aula, pero que sin embargo, aumenta en grados importantes la presión sobre el profesor al obligarlo a una serie de exigencias antes y durante el ejercicio profesional, mediante sucesivas acreditaciones en materias disciplinares.

La disidencia que se opone a la conducción de la Nueva Mayoría en el gremio, encabezada por el dirigente nacional Darío Vásquez,  ha encabezado la postura de retirar el proyecto y diseñar otros que sí considere sus exigencias.

En este escenario, la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, encabezada por la diputada PC, Camila Vallejo, luego de escuchar a los dirigentes de los profesores, se propuso sentar en la misma mesa a la autoridad ministerial y a los dirigentes gremiales, agregando que solo someterá a votación el proyecto cuando haya un acuerdo con el gremio.

Sería el primer triunfo docente a nivel de lo subjetivo. El segundo, sería que a pesar de  la postura oficial de nunca negociar con un gremio movilizado, la recientemente designada Ministra de Educación, Adriana del Piano, lo haría dos veces.

La tensión llega a su cota máxima cuando la conducción gremial busca bajar el paro, mientras la disidencia  insiste en la exigencia del retiro del proyecto y la mantención del paro indefinido.

A esta altura, ya decretadas las vacaciones de invierno en un claro intento
por debilitar el movimiento, comienzan los descuentos, las amenazas de despido y los sumarios contra los docentes.

Complementando estas medidas represivas, las Fuerzas Especiales de Carabineros, hacen lo suyo en contra de las permanentes, porfiadas y novedosas manifestaciones de los profesores.  

Es  probable que el gobierno se imponga por la vía de ejercer su potestad legislativa y los parlamentarios incluidos aquellos que se han mostrado receptivos al reclamo gremial, se ordenen ante su gobierno y despachen el proyecto con el que la administración Bachelet intenta salvar algo de lo prometido.

Pero nada va a superar eso que pulsa más allá de las recriminaciones, acusaciones, propuestas y contra propuestas, movilizaciones y disidencias, que  es la tensión necesaria que nace del enfrentamiento de dos visiones antitéticas de lo que debe ser la educación.

La actual crisis del sistema emerge del enfrentamiento de esa polaridad, en que por una parte se considera la educación como una actividad económica afecta a los vaivenes del mercado, y por otra, como un derecho social que no está garantizado.   

Y esas visiones divergentes que no pueden convivir en el mismo espacio libran una enconada batalla que va dejando sus bajas en la vera del camino.

La labor de los profesores no ha sido reconocida. Peor aún, se los ha estigmatizado como responsables de los efectos de un paradigma educacional que no considera lo que sucede en el aula, ni las circunstancias socio económicas y culturales  en los que se verifica en proceso de enseñanza aprendizaje, y se centra solo en resultados objetivos y mediciones estandarizadas. Los profesores también han sido víctimas de una educación de alma neoliberal.

Las señales indican que el movimiento docente va a ser avasallado y que las presiones de la Nueva Mayoría lograrán que el Congreso finalmente vote la idea  de legislar y que en breve una nueva ley vea la luz.

En ese caso será un cuerpo legal que habrá sido impuesto en contra del corazón de los profesores y ese hecho, en el mediano plazo, promete conflictos aún de mayor envergadura.

La irrupción de un importante contingente de educadores formados primero como estudiantes de la Enseñanza Media en las vecindades del Movimiento Pingüino de los años 2001 – 2005, y luego como estudiantes universitarios en los momentos de gloria del movimiento estudiantil del 2011, auguran un futuro auspicioso para las luchas que vienen


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