miércoles, 15 de abril de 2015

Ricardo Lagos, el malabarista artero


Prepotente por antonomasia y descarado por naturaleza, el ex presidente Lagos tiene la patudez de comparar al gobierno venezolano con la dictadura de Pinochet.

Autoerigido como un estadista al que nadie le va en saga, Lagos no es otra cosa que un peón de las peores fuerzas antidemocráticas en Chile y el mundo. Sus amigos más dilectos son sujetos turbios de los que no se yerra mucho si se los vincula con las más abyectas organizaciones y servicios de seguridad imperialistas.

Regalón de los empresarios chilenos, probadamente corruptos, vinculados desde la primera comunión con la dictadura, financistas de la ultra derecha y expertos en violar las leyes tributarias para comprar políticos por docenas, no ahorran aplausos cuando se trata de elevar a condición de salvador nacional a un ex presidente que montado en su egolatría, asumió la desfachatez de intentar cambiar el nombre de la  Constitución en un acto faraónico que debería recordarse como un completo ridículo. Lagos no es otra cosa que un político travestido.

Fatuo, su obra más recordada será el adefesio que hoy opera como sistema de transporte público que no hace sino castigar al ya castigado pueblo santiaguino obligado a someterse al castigo inhumano que significa subir cada mañana y tarde a esas máquinas hediondas, inseguras, incómodas, caras y peligrosas. De lo que por cierto, se cuida de no decir esta boca es mía.

Pero que fue diseñado por su megalomanía imbricada con su incapacidad para vincularse con otra realidad que no se la que le devuelve el espejo en la mañana.

Operador de maniobras delincuenciales que triangularan dineros al más puro estilo mafioso, financió con dineros oscuros a sus sosías, y demolió o regaló lo que quedaba de obras que alguna vez fueron patrimonio histórico de Chile, lo que, por cierto, quedó en la más perfecta impunidad.

El tándem de políticos que ha emporcado el país, tal como se demuestra por estos días, y que son todos en conjunto y cada uno por sus méritos, una burla para todos, hizo lo suyo en ese tiempo y las transacciones delincuenciales y los escándalos quedaron en el más perfecto de los olvidos.

Lagos no tiene más mérito que haber sido capaz de montar una acción comunicacional que enfureció al dictador, y no más que eso.

Todo el resto, el sufrimiento, la lucha, los muertos, presos y desaparecidos, lo puso el pueblo. Al que desprecia.

Y durante su gobierno no se avanzó un paso en la dirección que se requería para  democratizar la sociedad. A contrario, los únicos ganadores fueron de nuevo  y como en dictadura, sus amigos empresarios, los más poderosos y peligros que se pueda imaginar.

Sin embargo hoy se da al lujo de entregar lecciones de democracia a Venezuela, poner en duda la legitimidad de sus dirigentes e instituciones, mintiendo con descaro respecto del estado en que se encuentran los presos por los cuales intercede de la manera más escandalosa, y compara ese gobierno democrático, institucional y legítimo, con la dictadura de Pinochet.

Personajes como este deberían guardarse en el lado más oscuro del baúl de la historia. Esta chusma le hace mal a los niños, a las generaciones futuras llamadas a hacerse cargo del país, quienes pueden crecer que mentir y manipular es una condición de la política.

Y por sobre todo, porque generan una perniciosa escuela de seguidores, falsos socialistas, conversos y fariseos muchos de ellos afirmados de modo ilegítimo en el recuerdo de sus padres que sí se la jugaron, gente sin luces y apernadas para toda la vida en condiciones de virreyes, intocables, poderosos millonarios, asépticos y que miran al pueblo con un dejo de cosa peligrosa, como perros con arestín, que desprecian todo lo que sus antepasados respetaron y por lo que murieron. Una verdadera plaga.

Esta época, estos mismos meses alucinantes que vivimos, no podrán sino ser recordados con la perspectiva del tiempo como de vergüenza, como la época en que a este castigado país le correspondió transitar hacia la nada, dirigido por una verdadera cultura de la sinvergüenzura y la traición.

Y uno de sus constructores indiscutidos es Ricardo Lagos.


martes, 14 de abril de 2015

Eduardo Galeano visto por el intersticio de una puerta

En medio del reguero pestilente que deja el neoliberalismo a su paso por su Chile, cuando asistimos al espectáculo de suciedades, estafas y mentiras de una cultura que logró asentar sus raíces muy profundamente, nos azota la infausta noticia de la muerte de un guerrero sin par. Eduardo Galeano, nos ha  dejado.  
Como pocas veces la muerte ajena es tan nuestra. Como pocas veces el dolor es tan íntimo cuando este uruguayo de excepción, por cuyas venas corría el espanto y la maravilla de su América Latina castigada, muerta y maravillada, nos deja sin su palabra, sin su sencillez de hombre verdadero que fue capaz de darle un sentido humano al ser intelectual.
Eduardo Galeano es un hombre que dejó en nuestro continente el ejemplo de una pedagogía en la que no separó su palabra a su acción, la que siempre estuvo del lado de los castigados
Si ha de haber un mejor futuro para América Latina, y si existe un horizonte de esperanzas para los más desposeídos, tendrá el acento de su habla uruguaya y compañera.
Porque si algún escritor de nuestro continente, si algún intelectual de este tiempo fue un camarada del más desposeído, fue este hijo de América, que dijo lo suyo que era también lo de los otros, de los ningunos, de los nadie.  
Evoco un momento que nunca olvidé.
Yo huía de no sé qué desatino clandestino perpetrado en la ciudad de Temuco. Llegué a la imprenta Caliche que trabajaba a toda máquina en pleno estado de sitio, mientras la maquinaria sangrienta de la tiranía buscaba saciar su sed de sangre para vengar el intento de tiranicidio en la emboscada del Cajón del Maipo.
Burlando medidas que no deben burlarse en el trabajo clandestino, llegué a la imprenta en la que siete obreros gráficos se mantenían estoicos en sus puestos, imprimiendo lo necesario para dar a conocer los pormenores del atentado, denunciando los crímenes de esos días y para burlarse del control férreo que ocupó las ciudades en esos días de septiembre del año 1986.
Se trabajaba a puerta cerrada, cantando tangos.  Ahí dentro, en ese taller, armados más de empeño que de tecnología, las escasa y precarias maquinas gráficas y esos hombres se burlaban  del  tirano. No había tiempo de pensar en el miedo. Esa pequeña imprenta había sobrevivido toda la dictadura, a partir del mismo 1973.
Aldo Díaz, que oficiaba de jefe, me dijo que esperara antes de acompañarme para recuperar mis pocas cosas que intenté rescatar en mi huida no muy heroica desde Temuco.
De pronto tocaron familiarmente la puerta de la imprenta y al abrir se nos vino encima un pelotón completo de esbirros de la represión, armados y violentos que  entraron a la pequeña imprenta como quien asalta la última trinchera enemiga.
Golpes, amenazas, gritos, armas que apuntan, más golpes y más amenazas. El primero en recibir una andanada de golpes es Aldo, luego todo  el resto de los compañeros que en silencio miraban cómo una producción completa de periódicos, clandestinos, afiches, panfletos y folletos que intentaban denunciar e informar desde la clandestinidad, eran descubiertos no sin asombro por los agentes. 
De un golpe, me dejan en un rincón de cara a la pared mientras procedían al brutal allanamiento. Esa imprenta, que en ese momento disponía sus medios y esfuerzos para resistir la tremenda represión post atentado, tenía entre sus pecados el haber pirateado varios libros, para financiar lo que la propaganda clandestina no podía
Desde donde estoy, puedo ver al agente que hace el listado de los hallazgos del comando. De pronto le llama la atención un libro. Lo mira por lado y lado. Lo hojea. Lo ojea. Abre una página al azar. Lee. Abre otra y vuelve a leer. Lo interrumpe otro de los agentes y él esconde el libro por el momento en que da o recibe alguna orden. Vuelve a leer.
Me doy cuenta desde donde miro, que es un ejemplar de Días y noches de amor y de guerra. El agente intenta seguir escribiendo su lista terrorífica, pero no puede. Vuelve a abrir el libro y sigue leyendo y solo cuando ya estaba claro que el allanamiento terminaba con las máquinas destruidas, los presos que irían hasta los subterráneos y un largo listado de impresos rebeldes que alcanzaban para varios años de prisión, cierra el libro. Y cuando se queda solo por un par de segundos, y se asegura que nadie lo ve, se mete rápidamente el ejemplar en su chaqueta, como quien comete una falta grave.
Han pasado casi treinta años desde entonces y aún puedo ver con nitidez la cara sorprendida del agente que en ese allanamiento descubrió un texto que obviamente algo le produjo. No pretendamos que a la siguiente mañana haya despertado convertido en un hombre bueno.
Pero, seguro,  algo le hizo, porque una noche después de la tortura, una mano silenciosa y anónima, me hace llegar a la celda un cigarrillo encendido. Siempre pensé que era Eduardo el que me lo mandaba.

Un spot televisivo en horario prime

El Canal Nacional ocupa parte de su mejor horario para publicar un spot de blanqueo de la figura de la presidenta Bachelet. Creer que aquello fue una entrevista periodística que se proponía hurgar en la poderosa señora para intentar encontrar respuestas a las miles de preguntas que cualquiera pude hacerse, o es un ataque fulminante de inocencia  o se es parte de quienes están dirigiendo la operación salvavidas.

La empaquetada y formateada entrevista que hace el periodista de TVN, obedece a un guión que no es ajeno en formato y propósito  al que siguió la nuera presidencial al diario La Segunda, ni a la conversación informal y en off, que dio la misma presidenta a los corresponsales extranjeros.

Mala cosa utilizar esas argucias cuando lo que se necesita son gestos de mayor altura. La falta de iniciativas inteligentes y decisivas lo único que está haciendo es seguir manteniendo la pelota en juego, pues es de toda obviedad, que por cada vez que se intenta contrabandear la información, lo que queda es un reguero de explicables críticas, y una irritación que ya estará haciendo lo suyo entre los afectados por la catástrofe nortina, respecto de quienes, utilizando el canal de todos los chilenos, la presidenta  no dijo ni pío.

Como hemos dicho hasta el cansancio, el pretendido liderazgo de la presidenta no es sino la puesta en escena de variados módulos comunicacionales el que durante años ha seguido el mismo padrón. Una mujer presidenta revestida de una maternidad alejada de la contingencia y sus suciedades, volando cual dron celeste por encima de las maldades de la política, aplicando una mecánica facial según sea la ocasión.

El caso es que al no ser de verdad un liderazgo sino una permanente puesta en escena en donde hasta lo que aparenta improvisar lo lee en tarjetas nemotécnicas siempre al alcance de la mano, sus cimientos son tan débiles, como lo puede ser la menor falla comunicacional.

Y esa construcción intelectual ha sido hecha por una cohorte de antiguos y nuevos poderosos que en el lapso han visto crecer sus alcances y proyecciones de poder,  encaramados en esa entelequia que promete traslaparse en la historia con visos de la estadista que fue capaz de las mayores reformas del siglo, pero que no es, ni será.

Resulta curioso y hasta risueño, ver como cada día el tándem de poderosos continúa aumentando su mareo en el intento reiterado de buscar salidas del atolladero en que se hunden. No hay día que no traiga mayores y más curiosos casos de corrupción del sistema político.

Incluso las pretendidas medidas que buscan tantear un acuerdo que lo tape todo tiene un no sé qué de risueño y de inocente en su pretendida autocrítica que intenta sacar el eje y el ojo del verdadero origen de la podredumbre que lo infecta todo: un sistema de apariencia democrático, pero que es un coto de caza de un grupo de sujetos que no llega a los mil y que se reparte todo el poder en un cruza propia de la zoofilia que no distingue pelajes para sus coitos.

El principio parece elemental: ya que estamos en ésta y de alguna manera somos todos responsables, también somos los llamados a buscar una solución.

Desechada la vía honesta de la renuncia acongojada volver a sus mansiones a un autoexilio vergonzoso, si es que se salva de la cárcel, los sujetos investigados intentarán huir hacia adelante una vez más. Por la vía  de mirar para el otro lado, los políticos pillados en falta no van a renunciar, ni falta que hace, y seguirán en sus sillones como quien mira llover en Macondo.

Mientras tanto, se estarán urdiendo los mecanismos, que siempre los hay y si no se los inventa, para comenzar a subir en las encuestas, lo único que interesa.

La cloaca que se abrió por esas casualidades que están en todo hecho relevante, tiene para largo sino se inventa  una pronta vía de escape real. A esta hora se estarán midiendo los efectos encuestables del spot publicitario de TVN en que las preguntas formateadas y las respuestas visadas y revisadas solo dejaron un gusto a cosa deslavada.

Se critica el uso y el abuso del rumor como una práctica que intenta enlodar los prestigios, las prestancias y las majestades.

Se olvida decir que el rumor es hijo predilecto de las situaciones comunicacionales que se mueven entre el negro absoluto y el gris dubitativo

MEO tirando la manga

Marco Enríquez Ominami despliega un extraño esgrima verbal para intentar demostrar lo que no tiene ninguna importancia: que no recibió lo que fue a pedir al Gerente de SQM. Algo parecido dice la senadora Von Baer y casi lo mismo todo el resto de políticos sinvergüenzas y corruptos.

Lo grave del caso de Enríquez Ominami lo pone el mismo: de tanto intentar diferenciarse de aquellos a los que critica, termina haciendo lo que critica.

En este, como en todos los otros  casos negados hasta el cansancio, lo que vale para la gente silvestre es una intuitiva mala fe, una sana presunción de culpabilidad, un pesimismo que ponga a todos en el mismo saco, porque en el fondo, lo que los diferencia es solo la verborrea con la que disparan sus mentiras y chamullos.

Marco Enríquez Ominami no niega haber recibido ese oro maldito, sino que dice que no sabe si lo hizo. Y que su padrastro que sí recibió con los ojos cerrados el óbolo de los dueños de la política, no le habría pasado ni un solo peso. Le faltó agregar que de sus andanzas se enteró por la prensa.

Lo que no niega, y que reconoce solo porque la secretaria del gerente pagador lo atestigua, es haberse reunido con él para conversar acerca de la nacionalización del litio. Y como Marco cree que los chilenos son más huevones aún, agrega que esa reunión es comparable a las que ha tendido con la CUT, con un sindicato o con un club de abuelitas.

Ya se ha dicho en tonos y énfasis variados. Lo realmente sano es que se vayan todos, que no quede ni uno.

Pero como lamentablemente sabemos, mientras el pueblo no esté en la calle desordenándolo todo con su fuerza avasalladora, el sistema tendrá aún márgenes para maniobrar en busca de las soluciones tramposas que les permita seguir chupando sangre.

Por eso vemos que, tanto asustados como apurados, un amplio arco de políticos marrulleros se disponen a pactar para pasar la aplanadora, y dejar este mal paso debajo de varias capas de auto perdón y amnesia.

Para el caso de salvar el negocio de todos, nada como olvidar las querellas, los rencores y los odios  y generosamente disponer los corazones para aquello que es común a todos: el poder en cualquiera de sus formatos o envases.

Es lo que ha hecho siempre el sistema: acudir a la toxina corrosiva de la impunidad y esta  vez no será distinto. Y en poco tiempo, luego de prometer tramitar un proyecto de ley que ponga las cosas en su lugar, y volver a advertir que en Chile las instituciones funcionan, ya estaremos pasando a otra cosa y este largo verano se recordará solo como un mal momento, un traspié, incluso necesario.

Mientras tanto, el recurso de la mentira descarada, burda y sin medida seguirá dando los réditos de siempre, el descaro seguirá explicando lo inexplicable y el dinero, quizás en formatos menos explícitos, seguirá comprando políticos de principios febles o desgastados por el poco uso. Y el mundo seguirá andando.

Eso lo sabe hasta el que menos sabe, incluso Marco Enríquez Ominami que había intentado demostrar que se puede ser político sin parecer político, pero le fue mal. Y ahora lo veremos intentado esos mandobles verbales a los que tiene tan acostumbrados a sus imitadores

Y cuando las cifras comiencen a reverdecer en las encuestas, entonces ya todo estará hecho.

Segundo gobierno de Bachelet: triste, solitario y final

Un amigo porteño me explica que cuando uno se pierde entre los cerros de Valparaíso, la solución es mear. Para donde se escurra el líquido está  el plan, y en el otro sentido está el cerro. Ese simple ejercicio lo deja a uno en condiciones de tomar su mejor decisión y llegar a destino.

La presidenta necesita un mecanismo más o menos similar para saber hacia dónde tiene que ir. En la gestión gubernamental de los dos últimos meses queda claro que no se sabe hacia dónde está el cerro y hacia dónde el plan.

Para dar el puntapié inicial a la operación de salvataje, la presidenta citó a una conferencia de prensa a los corresponsales extranjeros en Chile, casi todos chilenos, para hablar en especial de los rumores de su renuncia por el cual sectores de la Nueva Mayoría aún en estado shock, han acusado a un periodista de ser el que  impulsó el rumor, como si eso importara en el país de los trascendidos.

Lo cierto, lo dramáticamente cierto, es que durante los más de dos meses que lleva el desarrollo de esta crisis que apunta al corazón del sistema, es decir a la extendida y antigua colusión de los grandes empresarios con todo el sistema político, el gobierno ha andado a la vela, sin motor ni timonel, más bien al garete.

Resulta todo un símbolo de la falta efectiva de conducción y de desorientación política lo dicho hace más de dos meses por el Ministro del Interior, responsable como pocos por la situación, “El Caso Caval está superado”, lo que para los políticos más veteranos de su mismo sector, debió como un desatino de principiantes.

En este lapso, en el cual más encima el norte es azotado por otra catástrofe, el gobierno fue atacado por una inercia causada por el estupor que les generó un escenario tan grave a solo un año de inaugurar la conducción. Se reaccionó tarde y mal. El aluvión encontró a esa castigada zona sin quien tomara decisiones

Desde antes, las periódicas  y numerosas encuestas de opinión venían demostrando que los números de la presidenta, del gobierno y de las instituciones políticas caían atraídas por una gravedad imposible de resistir.

El peor escenario para los tecnócratas de la nueva oligarquía era el desplome de los atributos infranqueables de la presidenta, detrás de los cuales se apretujan para proteger sus futuros, llevándose a su paso expectativas y optimismos.

La rueda de prensa con los corresponsales extranjeros se inscribe en la política comunicacional que alguien le diseñó a la presidenta para intentar, remarcando su estilo, salir del atolladero. Pero en la misma ocasión reconoce sus fallas en el manejo del caso que le detonó en sus propias faldas de mamá. Una tardía e innecesaria aseveración: esto para nadie es un misterio.

Desde este momento, en que se intenta remover la inercia que se tomó palacio, la Presidenta intenta desplegar iniciativas comunicacionales que están directamente relacionadas con sus números, a pesar de que sus declaraciones digan todo lo contrario. Pero no. Para el gobierno los números lo son todo.

Ahora todas las miradas se vuelven para buscar soluciones a lo que se ha llamado la colusión entre el dinero y la política y no como de verdad se llama: la relación estrecha y directa que hay entre el sistema político y los grandes poderosos del país, cultura que está en la base del modelo.

Porque la relación que vincula dinero y política es cultural. No  se explica por la coyuntura electoral que cruza casi todo el calendario. Es cosa de revisar como un Ministro puede aterrizar en un directorio a los minutos de salir del gabinete, o como un gerente puede llegar a ser ministro después de una reunión de directorio. Un carrusel de transformistas en que se mezcla todo lo que ya está mezclado.

Y es cosa de revisar la legislación producida en el último tiempo y cómo ésta ha solidificado a niveles finales un sistema económico en el que el uno por ciento de la  población, se lleva tranquilamente  el treinta por ciento del ingreso.  

Esta realidad no sale como de milagro desde la concha de un loco. Obedece a que quienes tienen la responsabilidad de hacer las leyes, han legislado como un solo cuerpo para que así sea. El caso de la ley de pesca, las regulaciones ambientales, las leyes mineras, forestales, de salud, previsionales, energéticas, entre otras muchas, siempre, han beneficiado a los más poderosos, y han perjudicado gravemente a los más desposeídos.

Detrás de esa producción legislativa ha estado el gran empresariado y sus políticos comprados por docena.

Y es esa fórmula orgánica propia de la cultura neoliberal, la que hoy hace crisis producto de su crecimiento cancerígeno que abarcó hasta irreductibles ex revolucionarios que hoy reciben sin tapujos dineros venidos directamente del ánima del dictador.

Quizás nunca se había visto un gobierno que durara un año. Y que saliera con la cola entre las piernas y con algunos de sus más empingorotados personajes con riesgo de ir a parar a la cárcel, pero con certeza, en el más absoluto descrédito. Porque este gobierno terminó aquí. Que se mantenga por tres años más es solo una cuestión de la burocracia, las leyes y las disposiciones.

Lo cierto es que lo que queda del segundo gobierno de Michelle Bachelet, tres largos años, serán para dar explicaciones e intentar un prodigio que lo saque del fondo indecoroso en el que quedó sumergido.

Orden y patria

Una de las primeras tareas que debe  enfrentar un gobierno de verdad democrático, es revisar la normativa por la cual el Cuerpo de Carabineros lleva a cabo sus misiones. Es una reforma que está pendiente

Informes de organismos de Derechos Humanos denuncian con una frecuencia abismante múltiples e inaceptables atropellos a la dignidad de las personas sobre todo, de jóvenes estudiantes  muchas de ellas incluso, expuestas a manoseos de carácter sexual, durante la represión a sus movilizaciones.   

Y, por cierto, no pasa semana en que las noticias no traigan algún hecho delictual en que estén involucrados carabineros.

El caso es que la discusión democrática respecto de  las atribuciones y alcances de la práctica policial, es un tema pendiente. Para los gobiernos post dictatoriales  parece cómodo que exista un órgano represivo que muchas veces tenga bastante parecido a las que tuvo en la dictadura. En especial, que escudado en la normativa que viene desde entonces, se mande solo.

No podemos olvidar que el Cuerpo de Carabineros fue llevado por los mandos golpistas
a involucrarse en el peor atentado contra la democracia que se haya conocido, y que terminó con La Moneda en llamas y el presidente muerto en su interior.

Y luego, fue principal protagonista de la represión que por diecisiete años cercó  al pueblo de Chile, a ese que según himnos y consignas está llamado a proteger. Su trágica huella quedó en su historia como baldón eterno luego de conocerse que funcionarios de Carabineros estaban vinculados en el caso de los tres chilenos a los cuales degollaron al amparo de sus mandos, instalaciones y personal.

Entre las expectativas creadas por la gente crédula de siempre, a partir del retiro de los militares golpistas del gobierno, estaba la consideración de que en los gobiernos civiles que sucedieran a la dictadura, aberraciones como las conocidas durante la tiranía estarían no solo prohibidas, sino que serían  inconcebibles.

No ha sido así. La represión policial es tan común que a casi nadie asombra. Es como la cordillera: está ahí, nada más.

Y hoy nos hemos impuesto de una actitud que está expresamente prohibida, pero sin embargo existe: el Cuerpo de Carabineros delibera en el momento en que aparece criticando una publicación del Instituto de Derechos Humanos, que no hace otra cosa que reproducir aquella realidad que cualquiera puede ver en las imágenes  y de la que se hacen eco organismo internacionales especializados.  

El pueblo de Chile se merece mucho más de lo que hoy le sirve en el platillo de las sobras la cultura neoliberal. Se merece un país más amable, más preocupado por el que menos tiene, con énfasis diferenciados para no dejar atrás a los compatriotas a los que no les sonríe la fortuna y con especial cuidado por el más pobre y marginado. La gente de esta tierra tan castigada merece mucho más de lo que hoy recibe.

En especial, merece respeto, valoración, protección, dignidad. Y es en estos conceptos en que la cultura prohijada en el último cuarto de siglo por una coalición mentirosa y manipuladora, manifiesta una de sus mayores fallas. O, derechamente, una opción.

El pueblo, palabra proscrita del léxico político, es mancillado a diario por medio de sueldos miserables, por una salud indigna, por un medio ambiente enfermo por la ambición de un puñado de miserables, por un sistema de pensiones que condena a los viejos a vivir sus últimos años en la miseria, por políticas públicas mezquinas, y porque aún no se disipan como debiera la fetidez de la dictadura. Y por miserables, sinvergüenzas y ladrones.

En muchos aspectos cotidianos aún se vive en este país como se hizo durante los diecisiete años del tirano.

Y una de esas veces es cuando la policía uniformada parece actuar sin entendimiento, y acatando irreflexivamente órdenes que más parecen fallas emocionales que no distinguen entre el criterio y la ceguera irracional que los mueve, golpea y castiga en forma aleve y desproporcionada.

Hace un tiempo la imagen del funcionario policial deteniendo a un padre bajo el reloj de flores de Viña del Mar, sin importar la presencia de su hija pequeña, demuestra que a ese servidor público se le ha creado una costra insensible al mínimo sentido común y obró poseído por un  instinto muy anidado o por una rabia descontrolada, más que en uso de su razón y facultades.

Y es común, dramáticamente cotidiano, ver cómo el Cuerpo de Carabineros ocupa militarmente el territorio mapuche al que entra a sangre y fuego sin importar niños enfermos, ancianos, muchas veces sin siquiera el conocimiento de la autoridad civil que ya tiene por costumbre mirar para otro lado.

Y, de nuevo,  el amparo de la impunidad que lo pudre todo: superiores jerárquicos que lo explican y comprenden todo, y leyes inmorales que permiten, encubren y alientan conductas que rayan con delitos graves.

O se vive en democracia o se vive en dictadura. Pero no puede ser que para los efectos del control social haya leyes y disposiciones que permitan a la policía seguir con el mismo papel de verdugos de la gente, calcado a lo que sucedía en la dictadura.

La falta de pantalones, o de faldas, en la costra política que lo domina todo, no puede permitir la deliberación política de Carabineros de Chile. Está visto que así se comienza y cuando el sistema político intenta reaccionar ya es demasiado tarde.

En este caso el Ministerio de Defensa y de Interior, deberían aclarar si lo manifestado por el general Director fue o no con el conocimiento de esas carte

El arreglín que se viene

Sin el pueblo en las calles, la depresión presidencial y la pudrición del sistema va encontrar una vía de escape que tendrá apariencia y pomposidad de solución, pero que no será. Los pasadizos y oficinas secretas, que es donde reside el verdadero poder, ya habrán visto incrementado su movimiento para salvar la situación.

Cuando se vive con la atención puesta en las encuestas que alimentan el ego, lo que suceda en el mundo real o es una momento que hay que celebrar o un escollo que hay que saber sortear. Las cosas que afectan real y duramente a las personas más pobres, pasan a ser no más que instrumentos para subir en las encuestas. O para bajar.

Por eso la orden del día para los intelectuales del orden sea dar con la fórmula que le permita salir de un atolladero que ya tiene perfiles peligrosos.

Se instala la idea de una presidenta incapaz para gobernar, de una coalición que no tiene respuestas y de un sistema político que debería irse a sus casas por corrupto.

En el caso de la presidenta, derruido su último bastión de persona creíble mediante la intervención de su desprolijo tanto como opaco hijo, solo un milagro podría endilgarla por el camino del éxito al que estaba tan acostumbrada.

Pero las malas noticias no limitan solo con la caída estrepitosa y de rasgos fatales del último bastión con apariencia de liderazgo.

Tiene que ver con toda la política. Nadie se salva. El uso abusivo y generalizado de las mismas martingalas que se utilizan sin modernizarse desde tanto tiempo, fatigó sus rodamientos, descuido los controles y vació las aguas de sus relaves, supuradas por la avaricia y la sinvergüenzura.

Para la ultraderecha, sumida en la cloaca de la corrupción y el robo como lo ha estado en toda su historia, la oportunidad de haber lanzado su propio líder se le pasó enredada en sus andanzas de lanzazos y monras.

Y ante la necesidad de reaccionar, los expertos en navegar en mares encrespados ya están concluyendo que  las diferencias solo de matices entre unos y otros, pueden quedar  transferidas para cuando las aguas estén más calmas: lo de hoy es un problema de Estado, como gustan decir para advertir que le van a meter mano como buenos hermanos para salvarse todos apretaditos y tomados de la mano.

Con todo, el sistema tiene un punto, no desdeñable a su haber. El pueblo, su más encarnizado enemigo, está prácticamente inmovilizado. El pueblo, la gente, la chusma es el gran ausente en esta crisis en la que se le ofrecía, como nunca antes en el último cuarto de siglo, un rol de transcendida.

La crisis del sistema lo pilló a contrapié. Con sus organizaciones debidamente debilitadas, sometidas a esas garnachas del cálculo en las cuales la perspectiva de un sillón en la cámara o un buen negocio lo es todo.

Mientras el pueblo no desordene el estado de las cosas, es decir, mientras el sistema aún tenga el control de todo, los únicos cambios que son posibles esperar son los que dicte el acomodo de todo el sistema, un auto perdonazo generalizado, un borrón y una cuenta nueva que deje las cosas en cero, una magnífica  amnesia horizontal.   

Y eso va a ser posible solo porque la gente vive su orfandad, su despiste, su desorganización sin que se le ofrezca un horizonte que permita interferir con fuerza para cruzarse de manera definitiva al intento que ya cursa por superar el complejo estado de cosas por la vía del más feroz y descarado  arreglín.

Aleuy, promotor de la represión

La simpatía y profundo respeto que se tiene por el pueblo y gobierno boliviano no exime de la obligación de objetar duramente la conducta irresponsable y torpe de su Ministro de Defensa, quien cree que un bordado en su ropa puede llegar a ser una idea inteligente.

Habla bien de la honesta intención de la conducción boliviana el que haya sido destituido por imbécil.

No ha sido replicada esa medida de sanidad política elemental en nuestro país. El siniestro vocero Aleuy el que a muchos nos recuerda la voz arrastrada y amenazante de vocero de la dictadura, Javier Cuadra, demostrando una torpeza y cobardía inéditas, amenaza con la implantación del Estado de Sitio.

Responder al ataque de la delincuencia mediante el estado de excepción por el cual la tiranía dominó y controló al país durante diecisiete años no es solo un acto brutal sino que es además cobarde. Sabe que en la memoria del pueblo Estado de Sitio es sinónimo de represión y muerte.

Fue bajo ese estado cuando secuestraron y degollaron a tres compatriotas y cuando se cometieron las peores atrocidades en contra de la gente sencilla.

Este irresponsable sabe que el estado de sitio  restringe la libertad de transporte, desplazamiento y el derecho a reunión. Puede también detenerse a personas en sus casas o recintos que no sean cárceles.

El vocero amenaza con medidas propias de la dictadura, y ni la presidenta, ni los dirigentes políticos dicen esta boca es mía. Aleuy debería ser procesado por estimular la represión.

La profunda crisis moral en que vive sumergido el sistema político permite exabruptos como el del ministro vocero, que equivale a amenazar con sacar tropas a la calle. Y solo la indolencia  de una presidenta que ha desnudado su absoluta falta de capacidad para el ejercicio del poder, permite a tipos sospechosos, agrios y siniestros, una amenaza de tamaña envergadura.

Harían bien las antiguas de los estados de excepción, buscar las formas de denunciar y procesar a quien se ha atrevido a invocar la herramienta predilecta del tirano para el efecto de amedrentar a la gente ante el descontento generalizado por la corrupción y la ineptitud de todo el sistema de sinvergüenzas que dirige el país. Nadie puede creer que un acto delictivo como es asesinar a un carabinero se pueda combatir mediante el Estado de Sitio.

Aleuy es un sujeto oscuro. Un operador más en el concierto de malandrines que han hecho de sus gestiones soterradas una forma de ascender en las gradas del poder.

Por mucho menos, una torpeza infantil del Ministro de Defensa boliviano, y que trajo aparejado un problema extra para su gobierno, Evo Morales dio una clase de responsabilidad y lo destituyó.

Es lo que debería pasar con Aleuy: salir de su cargo y ser demandado por las víctimas de los atropellos de los derechos humanos en la dictadura, como un promotor de la represión. 

Lo que arrasa los pueblos se llama capitalismo

¿Y después de ver las imágenes de la gente atrapada más que por el lodo, por el desprecio, el olvido y la explotación, es posible creer que el odio es un sentimiento al que no tenemos derecho?

¿Luego de ver a mujeres temporeras atrapadas en modernos cepos, esclavizadas lejos de sus familias, arracimadas en barracones no más decentes que un muladar, explotadas por mezquinos pesos, no vale suplicar a la naturaleza por un cataclismo que extermine la codicia, el egoísmo y la barbarie en todas sus formas?

Lo que más emputece es que esas aguas enrabiadas no se lleven a los poderosos responsables inmediatos de los efectos mortales del corcoveo de la tierra.

Enerva que no sea posible aún que por cada desgracia que se paga puntual mediante el sufrimiento de los más desposeídos, no haya como contraparte un lodazal que sepulte para siempre a los malditos que han creado las condiciones para todas las tragedias.

Y apena que  la ingenuidad de la gente, tan mortal como las avenidas de los ríos que solo cumplen con exigir el lugar que la tierra les ha reservados desde miles de  años, no desaparezca con las avalanchas, los tsunamis o los terremotos.

Estas desgracias no pueden ser adjudicadas a las variables de la naturaleza como quieren hacer creer para ocultar la responsabilidad del Estado en la prevención y la consideración racional y cuerda del territorio.

Cada una de las inclemencias naturales son tan propias de la tierra, como el cielo y  las nubes. Y han hecho sus caminos con la calma que solo estampan las edades misteriosas que no caben siquiera en la imaginación. Utilizadas con fines ajenos al dictado  irrevocable de la naturaleza, las aguas no hacen más que exigir lo suyo.

El capitalismo no tiene respeto sino por las ganancias. Para esta lepra del siglo la tierra y sus maravillosos accidentes no son sino lugares susceptibles de ser arrasados para extraer materias que son de manera simultánea de felicidad y tragedia. La diferencia la pone el número de afectados: el disfrute de un puñado de sujetos, equivale a la maldición de millardos de seres humanos.

Espoloneados con símbolos que no valen sino el trapo en que se dibujan, la gente intenta ponerse de pie relevando sus reservas sobre exigidas de tolerancia. El Estado brilla solo en el relumbre de las armas que se despliegan para advertir que los reclamos deberán cursar por el entramado artificial y estéril de las ventanillas que tienen la capacidad de amortiguar la rabia. Todo el resto es susceptible del gatillo fácil de los soldados que históricamente han puesto lo suyo con buena puntería contra el pobrerío.

Arrecian las campañas solidarias que suplantan las responsabilidades de quienes se suponen con el deber de cuidado, de velar por el bien público, y por  la seguridad de la población. De a poco, la solidaridad ancestral de la gente víctima de la inercia y de complicidad criminal de las autoridades, van juntando lo esencial para sobrevivir.

Cerca de ahí, agazapados, los vivos y tramposos de siempre ya sacan cuentas de los negocios que se vienen con la eterna reconstrucción, la especulación con los artículos de primera necesidad y las desesperación de la gente desamparada.

Cual aves carroñeras, ya dispondrán de sus planeos para ver donde hiede más, por donde vendrá el mejor negocio.

Las tragedias que con una frecuencia abismante paga al contado el pueblo llano, no son casualidades adjudicables a la alineación maléfica de los planetas, ni a la irritación de un dios vengativo. Son claramente responsabilidad de una forma de construir un país librado al caos inhumando del capitalismo más desvergonzado.

Casi toda muerte no natural, si se mira bien, tiene su raíz en la manera en que se ordenan explotados y explotadores en la copia feliz del edén.

Cada hombre y mujer de trabajo se expone cada día al riesgo de condiciones laborales desamparadas, a una salud vergonzante, a un transporte urbano zoológico, un sistema de pensiones miserables, y una tan vasta como inexpugnable red de conspiraciones secretas para esquilmarla, mediando un miserable sueldo.

Cuando el capitalismo no mata por la explotación inmisericorde, lo hace por la bala del custodio uniformado. Y ahora por estas calamidades de las que no se va a saber nunca qué venenos diseminó en esos barros metalizados causantes de cánceres y malformaciones.

Las razones de Estado, herramienta de sinvergüenzas y criminales, ocultarán  más que el lodazal,  la verdad de la tragedia.

El sistema hace agua y el pueblo muy bien gracias...

De existir en Chile un potente, valiente, imaginativo y consciente movimiento de trabajadores, una Central Unitaria por ejemplo, las calles ya estarían ocupadas por centenares de miles de emputecidos asalariados que exigirían no solo que se termine la sinvergüenzura que ya escala con rasgos estructurales, es decir, culturales, sino que se termine de inmediato toda operación política y/o de inteligencia para evitar que pescados y pescadas grandes, salgan al baile de la corrupción que ha abusado de sus poder durante un cuarto de siglo para burla de la gente.

De existir en Chile un movimiento estudiantil valiente, audaz, inteligente, decidido, experimentado en la lucha contra el orden, que haya sido capaz de encabezar tanto por su extensión geográfica como por la lucidez de sus dirigentes y la bravura de sus integrantes, movilizaciones de una masividad pocas veces vista, lo más probable que ya estaría llamando a protestar mediante un paro nacional indefinido contra la corrupción que se ha enseñoreado del mundo de la política, para burla de la gente.

De existir en Chile una izquierda abierta y decididamente anti neoliberal, cuyas más destacadas organizaciones hayan acumulado un no despreciable experiencia de lucha no solo durante los diecisiete años del tirano, sino en el cuarto de siglo que ya suma la extensión de la dictadura por otros medios, en cuyo lapso haya hecho denodados esfuerzos por encontrase cara a cara con las condiciones objetivas que hoy están diseminadas por doquier, lo más probable es que esas huestes rebeldes y heroicas ya habrían salido a las calles y habrían copado los caminos y ciudades determinados a terminar de una vez por todas con un sistema que ha creado y reproducido sus inmundicias para burla de la gente.

Pero no. En Chile no existe organización de trabajadores capaz de dirigir y encabezar sus luchas, exigencias o reivindicaciones. La trampa neoliberal desactivó por la vía de la infiltración, de la compra, el arriendo y la cooptación a muchos de los dirigentes que en el último tiempo se han dedicado a hacer un discurso mentiroso cada uno de mayo, y a llegar a acuerdos con los poderosos, traicionando sistemáticamente a sus asociados.

Sí existe un movimiento estudiantil que en un momento tuvo las agallas y la inteligencia para poner en jaque el Plan del sistema que no contemplaba aquello que colma las agendas legislativas, que fue capaz de formar en la lucha a centenares de dirigentes jóvenes, preparados, audaces, valientes, que logró articular lo que se llamó el movimiento social y que se expresaba en las reacción silvestre de la gente que vive, sobrevive, en condiciones subhumanas en pueblos y localidades envenenadas por gases, metales y otros hedores. Pero este movimiento estudiantil, por alguna razón misteriosa desapareció de las calles, de las opiniones, de la pelea.

Tampoco existe una izquierda en Chile. Existen tantas como auto referidos de izquierda existimos. Tal es la paradoja de la izquierda, que incluso en la Nueva Mayoría hay quienes se definen de esa manera. La izquierda hoy da para un barrido y para un fregado. Para frito y caldillo. Desde quienes sueñan con un AK 47 y ocho cargadores enmontañados en alguna selva, hasta quienes creen que es posible avanzar hacia la estrella luminosa del socialismo por la vía de ir ganado espacios desde dentro de La Nueva Mayoría, pasando por lo que añoran al camarada Pol Pot, a papito Joseph o al presidente y líder eterno Kim Il Sung. Y en medio, el verdadero pueblo de izquierda, allendistas genuinos, los que pusieron, han puesto y pondrán los muertos, muy bien gracias… 

No hay quienes asuman la responsabilidad de convocar al pueblo a protestar de la manera más airada contra la podredumbre que lo domina todo y resulta paradojal que estemos a la espera de que algunos fiscales hagan la pega que le corresponde al mundo social, en especial a la izquierda.  

Las redes sociales están jugando un rol para romper el cerco informativo y la inacción. Por estas nos enteramos que en el misterioso archivo de SOQUIMICH habría  más de cincuenta dirigentes políticos de la Nueva Mayoría, entre ellos, se dice, la senadora Isabel Allende y el senador Juan Pablo Letelier, y que incluso puede llegar a La mismísima Moneda.

De ser así, estaríamos al borde una implosión del sistema de imprevisibles consecuencias sin que se asomen opciones de una salida democrática. Lo que queda es el arreglín entre los cuestionados políticos, prácticamente todos, para echarle tierra a lo que quede aún oculto y, de nuevo, arrancar hacia adelante.

En ese sentido, la convocatoria presidencial a la Comisión Engel, fue demasiado apresurada y explicable solo por la necesidad de urgencia que hay en el sistema. Se notó demasiado la impericia política de los ministros que debieron aguantar un poco hasta saber la real profundidad del abismo que se abre delante de sus pies.

Desmoronado  éticamente el Congreso y moralmente la presidenta, ya es bien poco lo que queda.

Las tímidas convocatorias hechas para protestar contra la corrupción no tiene nada que ver con lo que debería ser una vasta movilización mayúscula en que el pueblo se pronuncie de la manera más embroncada posible y anuncie la expulsión de todos los que han permitido la podredumbre que ya comienzan a hacer nata.

Pero no pasa nada.

El prodigioso verano del 2015


¿Qué políticos de la Nueva Mayoría estarán encriptados en las bases de datos de SQM? Tal parece que el escándalo que tiene al team de la UDI casi al borde de la formalización, extenderá sus alcances a personeros de la Nueva Mayoría, hasta ahora más bien pasando piola.

El escenario resulta escalofriante: políticos del equipo gobernante recibiendo dineros venidos directamente del legado pinochetista que pervive y se multiplica en SOM, como se sabe, hasta la llegada de la dictadura empresa estatal que luego el tirano regaló a su yerno y actual controlador.

Difícil imaginar un escenario más oscuro para la coalición que conduce el país y que llegó a esa instancia por segunda vez, esgrimiendo consignas tan exóticas como igualdad de oportunidades, emparejamiento de la cancha y el fin de las malas prácticas en política.

Y difícil imaginar cómo se las van a arreglar los equipos de emergencia que estarán devanándose el seso en la búsqueda de una solución, o por lo menos, para estancar la hemorragia. Recordemos que en este lío van todos amarraditos.

Como ya habrán aprendido en casi un cuarto de siglo de experiencia, en estas crisis o se arranca hacia adelante o se llega a acuerdos secretos para detener al costo que sea el alud que amenaza con sepultarlos a todos. O una mixtura imaginativa de ambas maniobras.

Sería cosa de ver como evolucionaron lo casos  ONEMI, DIGEDER, MOP CIADE, El jarrón de Lagos, Chiledeportes,  SEC, y un enorme listado difícil de detallar y sacar un promedio.

Entre escándalo y escándalo, ¿habrá tenido tiempo la presidenta Bachelet para arrepentirse de haber escuchado a quienes aquí y en el extranjero le pidieron que detuviera la corrosión que amenazaba y sigue amenazando al modelo?

A la presidenta la hace falta un terremoto o algún desastre que ponga el foco en otra parte. O alguna operación encubierta que les permita un respiro.

Hasta aquí, los breves descansos que ha tenido el golpeado cartel de la Nueva Mayoría han sido no más que por la estupidez de los que podrían agudizar esa crisis. Y por cierto, la no menos complicada situación de la ultraderecha, cuyos financistas dormirán en la cárcel por cuatro meses y por la posibilidad cierta de que algunos de sus más señalados parlamentarios podrían ser formalizados.

¿Tiene precedentes lo que ha salido casi inadvertidamente en la prensa respecto de la incautación de correos electrónicos, teléfono y computador personal de nada menos que el ex Director Sociocultural de La Moneda, hijo de la mismísima Presidenta Michelle Bachelet?

Y esa gestión no será por bolitas de dulces. El juez busca las pruebas que le permitan determinar si hubo algún tipo de influencia o de uso de información privilegiada en el proceso de adquisición de las 44 hectáreas de Machalí, el negocio del siglo del hijo del año.

De ser así, al ya oscuro cielo de la hasta hace poco imbatible figura presidencial se le sumará una borrascosa realidad: su retoño podría ir a parar a la cárcel  o por lo menos podría ser formalizado por un delito que haría bajar aún más los alicaídos números y  ánimos presidenciales.

¿Cuánto más permitirá el sistema el desfile de policías confiscando computadores, contabilidades y celulares de gente connotada? No se sabe.

El caso es que según se lee, se ve y se escucha, falta mucho para que las aguas fangosas de la corrupción se aconchen y den un respiro a la golpeada mafia de políticos que dirigen el sistema.

Y ya se puede sospechar que en el lapso que aún le quede a la escandalera, el país será testigo, doble contra sencillo, de la más espectacular de las operaciones de salvataje que se tenga memoria, antes que sea demasiado tarde.

Algo habrá que hacer para superar este prodigioso verano.