Cuando
apellidarse Allende no pasa de ser un gesto adjudicable al Registro Civil, no
hay mucho más que hacer si se quiere pedir cierta coherencia que no es posible.
La
senadora Isabel Allende, abusadora de su apellido en cuanta elección ha
participado, se cree con el derecho de opinar sobre un fallo judicial de otro
país, lo que no tendría nada de malo si no fuera porque, cuando le sirve posa
de izquierdista consumada, como quien luce un traje hecho a la medida. Pero
para manipular.
Ella
detesta todo lo que huela a cosa moviéndose, a pueblo, a pobre y alzado.
Prefiriera la gente bien vestida, rubia y de buenos modales. Le cae pésima esa
floritura con que el presidente venezolano ejerce su magistratura. Y odia por
picante su buzo multicolor. Prefiere lo sobrio, elegante, exclusivo y caro.
Isabel
Allende es amiga íntima de los golpista venezolanos que han causado tanta
muerte y destrozos y que no se detendrán hasta ver a Maduro acribillado por las
hordas fascistas. Algo así como lo que le sucedió a su padre.
Y salta
para condenar a los jueces que le han impuesto una dura condena al promotor de
una asonada que dejó más de cuarenta muertos. Pero eso a la senadora no le
importa
No
importa si la viga en el ojo de Isabel Allende es tan grande como su desparpajo
que le permite callar cuando en sus propias narices se han descubierto montajes
judiciales y policiales que han afectado a mucha gente inocente, en donde la
policía ha asesinado innumerables veces, en donde la represión es el pan de
cada día contra los trabajadores, estudiantes y mapuches.
Me
pregunto qué opinión tendrá esa señora respecto de gobierno de su padre, cuál
habrá sido su rol en aquel tiempo, en el que ya estaba grandecita. Si alguna
vez puso un poroto en esa gesta que no entiende, de la que abjura y que le
queda demasiado grande.
Y me
pregunto ¿qué hizo esa señora cuando no solo quemaban las papas sino que las
balas y las parrillas de torturas y la represión generalizada en las
poblaciones?
¿Levantó
la voz desde su cómodo exilio? ¿Habrá lanzado algún panfleto, una piedra en su
vida acomodada? ¿Habrá sabido lo que fue una barricada?
¿Habrá
sido suficiente para ellas haber estado en La Moneda, como muchos otros que
perdieron la vida porque se quedaron, hasta poco antes del bombardeo y a partir
de eso pavonearse como una heroína que no es?
La
senadora es parte de la nueva generación de aristócratas de la política. Una
derechista de nuevo cuño, como casi toda la Nueva Mayoría.
Tratando
de interpretar los cambios producidos en el mundo, algunos plantean la
desaparición de las izquierdas y las derechas, para configurar una división
distinta entre las ideas antagónicas, que ya no se explicaría por la partición
del mundo en tiempos de la Guerra Fría
Pero la
izquierda y la derecha siguen siendo las mismas. Lo que ha pasado es que
algunos izquierdistas conversos, a caballo de ideas que no les pertenecen y
esgrimidas solo para manipular a la gente crédula, se han hecho del poder y
desde ahí, han seguido combatiendo al pueblo travestidos en derechistas
encubiertos.
Por eso
entregan migajas. Por eso decretan leyes abusivas e injustas. Por eso prefieren
a los patrones. Por eso han privatizado hasta el aire que respiramos. Por eso aborrecen
a la gente protestona, miserable, abusada, mentida y traqueteada.
¿Moral
doble? No, moral múltiple, que se despliega según sea que haya elecciones o no,
técnica que se perfeccionó a partir de momento en que se llegó a la conclusión
que la gente, la perseguida, abusada, castigada, mancillada, no estaba en
condiciones de levantar la cabeza, y en su orfandad, solo estaba en condiciones
de aceptar cualquier mentira y a cualquier
mentirosa a la espera de algo que jamás va a llegar.
La
impunidad es la madre de estas manilargas, frescos, mentirosos, caraduras que
no se arrugan para recibir los estipendios que los empresarios,
ultraderechistas, filo fascistas, les regalan para comprar sus votos y leyes.
Sus almas.
Pero alguna
vez la gente les pasará la cuenta. Por demasiado tiempo se ha vivido en el
convencimiento falaz de que el sistema que domina es inmodificable, trampeando
lo que dice la larga historia de la humanidad que ha avanzado a grandes trancos
una vez que se junta la energía suficiente y los desposeídos pasan la cuenta.
De que
nada es eterno hay pruebas en demasía y una vez que la gente hace saber su
bronca, las cosas pasan de castaño a oscuro.
Para
entonces veremos si los apellidos o las declamaciones servirán de algo.
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