lunes, 26 de octubre de 2015

Chantas, picantes y otras alimañas



A la siga de un adjetivo que defina de un modo sintético pero elocuente el comportamiento de ciertos personajes a los cuales ya no sirve nombrar con palabras del español formal, llegamos al extendida expresión Chanta.

La palabra Chanta  proviene de un dialecto de la Campania, región del sur de Italia y que fue asumida por los argentinos de la expresión cianta puffi, que significa clava clavos, refiriéndose a los sujetos que hacían mal su trabajo. Por extensión se le aplica a quien no es de fiar, un  mentiroso. Tirarse a chanta, en el Lunfardo argentino significa algo así como abandonar las obligaciones.

Más o menos de esta manera se puede definir a aquel diputado que, airado como el que más, justificó la inasistencia a su trabajo, por el que el gilerío le paga una fortuna cada mes.

El Honorable se fue de lengua en un excepcional ataque de sinceridad: su trabajo, sus responsabilidades les importan un huevo, si se considera el riesgo que habría pasado de haberse apurado en un día con lluvia. De levantarse más temprano, ni hablar. Un chanta.

Vaya usted y dé el mismo argumento ante su empleador y vea lo que sucederá a continuación

El caso es que estas situaciones tan hilarantes como irritantes, no son casos  aislados. Al contrario, son el pan de cada día. ¡Hay un chanta diario!

Otro Honorable pide permiso por menos de treinta días, ¡menos mal!, para ausentarse de sus obligaciones legislativas para ir a un evento a Ginebra, Suiza. Luego, aparece fotografiado retozando, uno imagina con la sangre algo alterada, en los brazos cariñosos de una señorita de la que se dice es su asesora. Otro chanta en viaje de placer pagado por el mismo gilerío de siempre.

La decencia en la función política ha caído a sus mínimos históricos en el último cuarto de siglo: ha bastado ser un pobre tipo con plata para transformarse en un legislador, y veamos lo que ha sucedido.

O que empresas necesitadas de leyes especiales financien a frescos de raja como los referidos supra, para que se hagan de un nombre en la política y una fortuna, mientras que legislan para cagar a la mayoría de los ciudadanos. Incluidos algunos incautos que habrán votados por ellos.

La mala calidad del país en el que vivimos, tiene que ver con la mala calidad de la política. Y la pésima calidad de esta “democracia” está íntimamente relacionada con sujetos turbios, ávidos de dinero y poder, malas personas que se pasan por el perineo las necesidades de la gente y no trepidan en venderse para hacer leyes que dañan a los más desposeídos.

Y no se trata solo de la ultra derecha, como se sabe, gente enferma que hace de sus vidas un continuo proceso de hacer más y más dinero, sin saber para qué. Y llegado el caso que se amenacen sus ganancias, no dudan un segundo en matar, desaparecer, exiliar, torturan y encarcelar.

Síndrome de Estocolmo de por medio, la Nueva Mayoría se ha permeado por la cultura del egoísmos antes adjudicable a sus otrora enemigos y ya no es posible diferenciar a unos de otros. Son como calzón y culo.

Hoy la Concertación / Nueva Mayoría está en la vereda de enfrente de los trabajadores, estudiantes, mapuche, pobladores. En un cuarto de siglo lo suyo ha sido disminuir sistemáticamente los derechos del pueblo, hasta pauperizarlo a niveles increíbles.

Y por cierto, en ese mismo lapso la institución del Estado que más se ha relacionado con estos sectores, han sido las Fuerzas Especiales de Carabineros, con un reguero de torturas, malos tratos, apaleos, montajes y muertos. 

Más aún, desde el día uno de la post dictadura se dio maña para desmovilizar al pueblo que había derribado a la tiranía.

Y peor, precisamente cuando el pueblo comenzaba a retomar su tradición de lucha, se crea la Nueva Mayoría tras el fichaje del Partido Comunista, el que se propuso tener un pie en el gobierno y otro en la calle.

Pero como se puede sospechar, habrá bastado que gobierno y pueblo se distancien como para que se comiencen a abrir las piernas de quienes las tiene en uno y otro lado.

Acceder a un país decente importaría deshacerse de todo aquel que ha contribuido a su descomposición. Todo el que ha robado, independiente de la técnica usada, debería ir a la cárcel. Así como todo el que haya recibido pagos por sus votos en leyes que han afectado a millones. Y quienes han traicionado a la gente, deben ser borrados de la historia.

La exigencia de un país decente es una consigna revolucionaria. Proponerse sacar de sus poltronas a los indecentes que se han hecho del Estado, es una propuesta subversiva.

¡Chantas, picantes, vendidos, cafiches, holgazanes, corruptos, mentirosos, vayan a robarle a la puta que los parió!

jueves, 22 de octubre de 2015

¿Mr. Lagos strikes again?



A propósito de frescura, el ex presidente Ricardo Lagos estimuladas sus glándulas salivales por la opción que le deja para una segunda oportunidad el desplome histórico de la presidenta Bachelet, ha salido al ruedo con sus opiniones de aspecto sacro y ha apuntado con su dedo imperial a la Constitución Política de Chile.

La circunstancias del Proceso Constituyente con que cantinflea el gobierno, le genera el escenario propicio.

Como se sabe, la memoria es un defecto el cual es necesario saber administrar, y toda la gracia de una vida bien vivida consiste en amaestrar aquellos aspectos mnémicos que pueden o no  hacer agradable la existencia.

“Chile cuenta desde hoy con una Constitución que ya no nos divide  sino que es un piso institucional compartido, desde el cual podemos seguir avanzando por el camino del perfeccionamiento de nuestra democracia. Nuestra Constitución no es más un dique en la vida nacional; la vida nacional puede fluir ahora como un río por este cauce institucional”

El texto supra fue dicho el día en que en un fasto, comprable al de los antiguos Autos de Fe, el presidente Lagos firmó lo que el mismo llamó la Constitución del 2005.

Quizás los años estén haciendo estragos en el estadista y no recuerde la fruición con que pronunció ese discurso en el que sobraron loas a su obra.

El caso es que ahora encuentra que esa misma Constitución "….está impregnada por una visión neoliberal que obliga al establecimiento del Estado Subsidiario”

¿Se habrá impregnando en los últimos diez años?

Lagos, así como todo el tándem de frescos que ha dirigido el país en el último cuarto de siglo, sabe que es hora de un nuevo despiche para quitar la presión acumulada en el sistema y evitar males mayores, como puede ser la irrupción violenta del populacho cansado de estafas y estafadores.

Y como cualquiera de su laya, sabe que lo que haya dicho antes ya no vale cuando ahora dice lo contrario. Y que esa voltereta le va a salir gratis.

Lo cierto, es que todo lo que existe es debido a la vigencia de una Constitución que ha heredado a estas generaciones y que va por las siguientes, todo la cultura pinochetista que se expresa en el día a día apremiante de la gente más desposeída, que es contra quienes se redactó.

Las almas y países diametrales, mundos antagónicos y sociedades paralelas que conviven de milagro en este mismo territorio, es porque la Constitución pinochetista ha permitido, posibilitado y facilitado eternizar la venganza de los poderosos en contra del populacho que un día cuatro de septiembre intentó un país que torciera su destino de pobreza, marginalidad, explotación y abuso.

De tanto repetir las insondables diferencias que creó el neoliberalismo, a veces las palabras pierden su sentido trágico. Y son las desgracias que a menudo castigan el país las que nos vuelven a mostrar la indecencia de sociedad que se ha creado por la intercesión de la famosa Carta Fundamental firmada por la egolatría del presidente que intenta por todos los medios atacar otra vez.

Por decenios la gente castigada ha venido exigiendo cambios profundos en aquellos aspectos que les conciernen en su cotidianeidad y en sus proyectos de vida. Sin ir más lejos, precisamente por eso luchó, por eso aportó con sus muertos, torturados, prisioneros. 

Salud, pensiones, educación, medio ambiente, derechos sociales, culturales y políticos, han sido aspectos que han sido sometidos disciplinada y persistentemente al cedazo jurídico que emana de la ley fundamental y que los ha configurado como sujetos al escrutinio de lo subsidiario o por debajo del reino ordenador de la sacrosanta propiedad privada.

En el lapso que va de post dictadura no es un capricho decir que esta sigue aún cuando sin el reguero de sangre que le era propia. La herencia más notable de la tiranía y que llega hasta nuestros días se relaciona con el castigo perenne que deja caer sobre la gente en todos los aspectos de la vida. La venganza continúa, aunque por medios más sofisticados.

Lagos driblea diciendo que lo del 2005 fue un paso en el sentido de avanzar a mayores grados de democracia aunque  cualquier estadística contemporánea indica que en casi todos los sentidos se ha retrocedido: hoy hay menos democracia, menos derechos y menos libertad que antes.

Que a partir del año 2005 los Comandantes en Jefe de las FF.AA., pudieran ser removidos por el presidenta, hecho presentado como un avance, no pasó de ser letra muerta. Los militares hacen lo que se les ocurre y de paso, algunos gastan la inmensa fortuna que se llevan del cobre en casinos, caballos, apuestas y hoteles, sin que ningún presidente haya tenido la hombría de aplicar dicho precepto constitucional.

La reforma Constitucional del año 2005 fue otro circo más para la galería, para engrupir al populacho que miró el sarao tras los visillos.

Y nos aprestamos a la versión corregida, aumentada y perfeccionada de la misma cachaña de hace un decenio.

Chantas, picantes y otras alimañas



A la siga de un adjetivo que defina de un modo sintético pero elocuente el comportamiento de ciertos personajes a los cuales ya no sirve nombrar con palabras del español formal, llegamos al extendida expresión Chanta.

La palabra Chanta  proviene de un dialecto de la Campania, región del sur de Italia y que fue asumida por los argentinos de la expresión cianta puffi, que significa clava clavos, refiriéndose a los sujetos que hacían mal su trabajo. Por extensión se le aplica a quien no es de fiar, un  mentiroso. Tirarse a chanta, en el Lunfardo argentino significa algo así como abandonar las obligaciones.

Más o menos de esta manera se puede definir a aquel diputado que, airado como el que más, justificó la inasistencia a su trabajo, por el que el gilerío le paga una fortuna cada mes.

El Honorable se fue de lengua en un excepcional ataque de sinceridad: su trabajo, sus responsabilidades les importan un huevo, si se considera el riesgo que habría pasado de haberse apurado en un día con lluvia. De levantarse más temprano, ni hablar. Un chanta.

Vaya usted y dé el mismo argumento ante su empleador y vea lo que sucederá a continuación

El caso es que estas situaciones tan hilarantes como irritantes, no son casos  aislados. Al contrario, son el pan de cada día. ¡Hay un chanta diario!

Otro Honorable pide permiso por menos de treinta días, ¡menos mal!, para ausentarse de sus obligaciones legislativas para ir a un evento a Ginebra, Suiza. Luego, aparece fotografiado retozando, uno imagina con la sangre algo alterada, en los brazos cariñosos de una señorita de la que se dice es su asesora. Otro chanta en viaje de placer pagado por el mismo gilerío de siempre.

La decencia en la función política ha caído a sus mínimos históricos en el último cuarto de siglo: ha bastado ser un pobre tipo con plata para transformarse en un legislador, y veamos lo que ha sucedido.

O que empresas necesitadas de leyes especiales financien a frescos de raja como los referidos supra, para que se hagan de un nombre en la política y una fortuna, mientras que legislan para cagar a la mayoría de los ciudadanos. Incluidos algunos incautos que habrán votados por ellos.

La mala calidad del país en el que vivimos, tiene que ver con la mala calidad de la política. Y la pésima calidad de esta “democracia” está íntimamente relacionada con sujetos turbios, ávidos de dinero y poder, malas personas que se pasan por el perineo las necesidades de la gente y no trepidan en venderse para hacer leyes que dañan a los más desposeídos.

Y no se trata solo de la ultra derecha, como se sabe, gente enferma que hace de sus vidas un continuo proceso de hacer más y más dinero, sin saber para qué. Y llegado el caso que se amenacen sus ganancias, no dudan un segundo en matar, desaparecer, exiliar, torturan y encarcelar.

Síndrome de Estocolmo de por medio, la Nueva Mayoría se ha permeado por la cultura del egoísmos antes adjudicable a sus otrora enemigos y ya no es posible diferenciar a unos de otros. Son como calzón y culo.

Hoy la Concertación / Nueva Mayoría está en la vereda de enfrente de los trabajadores, estudiantes, mapuche, pobladores. En un cuarto de siglo lo suyo ha sido disminuir sistemáticamente los derechos del pueblo, hasta pauperizarlo a niveles increíbles.

Y por cierto, en ese mismo lapso la institución del Estado que más se ha relacionado con estos sectores, han sido las Fuerzas Especiales de Carabineros, con un reguero de torturas, malos tratos, apaleos, montajes y muertos. 

Más aún, desde el día uno de la post dictadura se dio maña para desmovilizar al pueblo que había derribado a la tiranía.

Y peor, precisamente cuando el pueblo comenzaba a retomar su tradición de lucha, se crea la Nueva Mayoría tras el fichaje del Partido Comunista, el que se propuso tener un pie en el gobierno y otro en la calle.

Pero como se puede sospechar, habrá bastado que gobierno y pueblo se distancien como para que se comiencen a abrir las piernas de quienes las tiene en uno y otro lado.

Acceder a un país decente importaría deshacerse de todo aquel que ha contribuido a su descomposición. Todo el que ha robado, independiente de la técnica usada, debería ir a la cárcel. Así como todo el que haya recibido pagos por sus votos en leyes que han afectado a millones. Y quienes han traicionado a la gente, deben ser borrados de la historia.

La exigencia de un país decente es una consigna revolucionaria. Proponerse sacar de sus poltronas a los indecentes que se han hecho del Estado, es una propuesta subversiva.

¡Chantas, picantes, vendidos, cafiches, holgazanes, corruptos, mentirosos, vayan a robarle a la puta que los parió!

Asamblea constituyente, cachañas y carretas




Habrá quedado claro que las ofertas de la campaña electoral presidencial no pasaron de ser mentiras envueltas en papel de regalo. Salvo los recalcitrantes que por un cupo electoral son capaces de escupir sus principios, la gente honesta habrá tomado en cuenta que nada de lo ofrecido ha sido respetado.

De nueva Constitución ni hablar. Ni mucho menos de una Asamblea Constituyente para su redacción, aún cuando la misma presidenta haya asumido, sin vergüenza alguna, que esta Carta Fundamenta, la que le da existencia a su propia investidura y permite todo lo que hay, es ilegitima en su origen y requiere por lo tanto de su superación.

Muchas voces han venido repitiendo desde hace mucho de la necesidad ética de sacudirse de la indecencia que significa ser ordenado por una constitución que reproduce, protege y eterniza los principios fundadores de la dictadura.

Pero desde el primer día, la casta política que se hizo con el poder, se sintió  de lo más cómoda en sus articulados y disposiciones. Desde el día uno, hasta este mismo que vivimos hoy.

La trenza feroz que lo ata todo, la ultra derecha más feroz y los ávidos y acomodados partidos de la Nueva Mayoría, generan un sistema en el cual ambos polos son tan necesarios, que no se conciben cada uno de manera aislada. Ya es difícil saber quién es quién en una primera mirada. Y en una segunda.

El sistema necesita actualizar sus usos y mecanismos. Tanto por el propio desgaste en un cuarto de siglo de funcionamiento, como por las presiones del populacho que a veces se tornan algo más que molestas.

Y entonces se hacen esas fintas llamadas reformas. Y se promete un alambicado diseño constitucional que más bien parece una cachaña  que no tiene otra función que volver a engañar a la gente.

El advenimiento de un país verdaderamente democrático pasa porque que se sacuda de esa rémora criminal, sin  embargo en lo referido a la idea de un Asamblea Constituyente hay una trampa peligrosa.

Una Asamblea Constituyente, dado el estado de situación en que está el movimiento popular, la inexistencia de una izquierda que haga de contra poder efectivo, las necesidades del estatus quo y de una ultra derecha viva, poderosa y peligrosa, jamás arrojaría una nueva Constitución como la que se exige. Imposible

Cualquier iniciativa en las actuales condiciones en que están los trabajadores, los estudiantes y los movimientos sociales, es decir dispersos, debilitados, cooptados, infiltrado, sin estrategia, lo único que haría sería legitimar un cambio cosmético en un sistema que ya no se la puede. E hipotecar un cambio real para los siguientes cincuenta años.

La convocatoria a una Asamblea Constituyente que emane del poder neoliberal no sería  sino para afianzar ese mismo poder, quizás con alguna concesión, pero resguardando lo esencial del modelo y de la cultura neoliberal. Con todo - ¡todo!-  el poder en sus manos imposible pensar de otro modo.

Tampoco es posible la instalación de una Asamblea Constituyente con efectos reales, por fuera de la institucionalidad, desde la base como se escucha. El Estado tiene armas suficientes como para disolver un conato que se propongan suplantar al gobierno o a las instituciones. El neoliberalismo y sus mecanismos contrainsurgentes han aprendido que sus crisis son estupendas oportunidades y saben cuidarlas.

Movilización no es sinónimo de marchas o desfiles. Un pueblo movilizado es el que asume el desafío histórico de dejar de ser simples testigos cuando no víctimas de un estado de cosas. Movilización significa recuperar la enorme tradición de lucha del pueblo, que fue, sin ir más lejos, capaz de derrotar a la dictadura. Que su triunfo fue secuestrado, es otro cantar. Pero fue el pueblo el que puso el mayor esfuerzo por terminar con la tiranía. Un pueblo movilizado es un pueblo seducido por una idea por la que se dispone a luchar

Y solo luego de disputar y ganar espacios que desplacen a los actuales administradores del sistema, luego de ocuparles importantes plazas del poder político, de metérseles dentro de sus espacios, estaremos en condiciones de impulsar la batalla no solo por  demostrar la necesidad de un cambio constitucional, sino por hacer que de verdad  emane de la voluntad de la mayoría.

Hasta donde se sabe, la carreta va siempre después que los bueyes.