El origen, desarrollo y los innumerables finales que ha
tenido el conflicto docente no es algo ajeno al paradigma que hace de la
educación una actividad económica y no un derecho. Es su punto de partida.
Y lo que sucede en el gremio de profesores es una tensión
en la que se verifica la existencia de estas dos visiones contrapuestas:
la sostenida por la Nueva Mayoría del gremio, y otra, por el resto.
La irrupción de la Concertación luego del repliegue uniformado
perfeccionó un sistema en el que muchos de sus cuadros se transformaron en
exitosos y acaudalados sostenedores y en el cual ideológicamente se sintieron
muy cómodos.
Y como sabemos, la educación es donde se reproducen las
condiciones para la supervivencia de la cultura dominante. Hace falta una
educación como la que tenemos para que exista todo lo demás.
Y desde el primer día en que se implementó mediante la
fuerza bruta, la represión y la muerte, los profesores han venido denunciando
el sistema como contrario a los intereses reales de los habitantes, como lesivo
para la función docente y discriminador y abusivo con los estudiantes.
El proceso de democratización del gremio docente, creado ex
profeso por la dictadura, puso en el centro la necesidad de democratizar
también la educación, oponiéndose desde el comienzo a la municipalización, que
no fue otra cosa que el inicio de la privatización del sistema escolar.
Sin embargo, la Concertación no le metió mano porque leyó
desde el comienzo que su vinculación con el legado de la dictadura era mucho
más íntima de lo que reconocieron.
Las buenas formas con el tirano, la condescendencia
mostrada con criminales de lesa humanidad, el cierre de la posibilidad de
ofrecer justicia, verdad y reparación, y sobre todo, por la adscripción a los
postulados del neoliberalismo, son decisiones que se proyectan duramente hasta
el día de hoy en todos los ámbitos.
Inmerso en una crisis monumental, el sistema educacional
público, o sus vestigios, ha sobrevivido para establecerse como la educación
que el Estado reserva para los pobres.
Fracturada brutalmente la sociedad chilena entre los que
tienen y los que no, lo que ha llevado a este país a ser el más desigual del
planeta, en el plano educacional esa diferencia no solo se hace más aguda, sino
que responde a la necesidad de la defensa del modelo y su reproducción.
Y por esa razón se ha reforzado mediante una compleja red
de leyes que buscan compatibilizar el mercado con el rol social de la
educación, que es como intentar mezclar el vinagre con el aceite.
Las propuestas de la Nueva Mayoría no consideran un cambio
de ese paradigma. Su intento es y sigue siendo, perfeccionar lo que hay por la
vía de limar las asperezas en aquello aspectos más complejos y que han tenido
la mayor oposición del mundo social, en especial de los docentes.
Para estos últimos la presidenta Bachelet ofreció una
carrera profesional que sería hecha en conjunto, lo que por cierto nunca fue.
Operadores políticos que nunca ocultaron su aversión a lo
que huela a profesor se dieron a la tarea de dilatar encuentros en los que
finalmente no se llegó a nada, porque esa era la idea: dar una apariencia de
participación gremial, pero de los representantes de los profesores, no se
consideró ni una coma.
Y entonces, vino la huelga luego de que el 97% de los
profesores rechazara la propuesta de Carrera Docente que impulsó el gobierno.
Atenazado por las bases, la conducción oficialista del
gremio de los profesores debió recular varias veces antes de traer las cosas hasta
el estado en que están ahora: un gremio fracturado, divisiones internas que
debilitan su acción, y una Carrera Profesional que no cuenta con las
simpatías del profesorado, e impuesta en contra del alma docente.
Resulta notable la fruición con que el gobierno de la Nueva
Mayoría hace lo posible por ir siempre a contrapelo de lo que dicen aquellos a
los que se supone representa. Parece que en La Moneda se disfruta cuando sus
propuestas se hacen en contra de la opinión de la gente.
Hasta ahora, no se ha visto que alguna iniciativa
legislativa impulsada por Bachelet, haya contado con el apoyo de los que se
supone son sus beneficiarios.
Y nunca se ha sabido de alguna manifestación que
demuestre la gratitud de un pueblo por el alma social de la presidenta
socialista. Y a nadie del gobierno parece llamarle la atención que las únicas
manifestaciones sean en contra.
En ese aspecto falló el rol del Partido Comunista, el que
por la vía de perder cada vez más su anterior e histórico posicionamiento,
decide cada vez menos en el mundo social.
Lo que se celebró como un triunfo, la idea de legislar un
proyecto que había sido rechazado por los profesores, no fue sino una penosa
red de acuerdos y compromisos con la derecha.
Para doblegar al profesor debieron aliarse con la
ultraderecha. ¿De qué se trata todo esto? ¿En manos de quienes estamos? ¿Cuál
es la prevención pedagógica de ese contubernio que debería avergonzar a la
gente con más juicio y criterio??
Ese extraño triunfo dejó el regusto amargoso de la derrota.
Machaconamente, las autoridades y los políticos adujeron
que el proyecto aprobado no era igual al original, lo que demuestra que
se podía cambiar. La pregunta que cae de madura es: ¿por qué entonces no se
cambio antes?
Finalmente el paro de los profesores que por casi sesenta
días, enfrentó a los profesores con el gobierno y, por cierto, con las Fuerzas
Especiales, organismo oficial que más ha interactuado con los decentes, se
bajará.
Pero habrá sido solo por la incursión de la amenaza, los
descuentos, y la posibilidad de la cesantía. Nuevamente vencieron, pero no
convencieron
Que ha sido una victoria Pírrica, bien lo saben en el
gobierno. Y que esto que se apaga por la vía de otro asqueroso pacto con la
derecha, va a comenzar de nuevo a brotar en cualquier momento, también deberían
saberlo.
No hay seso en el gobierno para darse cuenta que así no
sirve. No hay alma. Que la rabia acumulada va a buscar una forma de expresarse
en breve, como ha sido siempre, es cosa de tiempo.
Poco se puede esperar de la ilegitimidad del Congreso, en
el cual un número aún indeterminado de sus integrantes están vinculados con
ilícitos relacionados con triangulaciones económicas a niveles de escándalos,
no representa un escenario muy pulcro como para ofrecer leyes legítimas.
La abdicación de la presidenta es otro elemento. ¿Habrá
quien crea lo que dice y ofrece, luego de traicionar sus propias ofertas a los
profesores e imponer una Carrera Profesional hecha por tecnócratas enemigos
jurados de los profesores y de la educación pública?
Con todo, los profesores alcanzaron un par de victorias no
desdeñables y que no deben dejar de tener en consideración.
Una es que la Nueva Mayoría y su líder han sido desnudados
como contrarias a los intereses de los trabajadores, lo que debería alumbrar a
los incautos que aún les creen.
Otro, es haber sentado en una mesa a la autoridad,
cuya prepotencia debió aguardar antes de desplegarse en toda su majestuosidad,
luego de aplicar la máxima de la guerra contrainsurgente aprendida en USA, de
no negociar bajo presión.
Y quizás la más trascendente es que los profesores que se
movilizan lo hacen ya no por una chaucha más o menos, sino por cuestiones de
fondo, que tienen que ver con la dignidad de quienes son responsables de los
niños y jóvenes de un país, que es como decir de su futuro.
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