miércoles, 6 de agosto de 2014
No habrá ni puede haber reforma de verdad democrática.
(A propósito de esta columna: http://www.elmostrador.cl/opinion/2014/08/06/educacion-la-firme/)
NO habrá reforma de la educación. Por lo menos, tal como lo exigen los demócratas de verdad, no habrá. No en este mundo. En otro, quizás. No en el neoliberalismo al que no lo va a modificar una reforma, ni menos una reformita que sólo busca detener a los intransigentes, libertarios y lúcidamente pasados para la punta: los estudiantes y los trabajadores más consientes.
Menos aún, cuando los supuesto impulsores de la reforma, defienden como gatos celosos sus interés bastardos, egoistas y anticristianos. Aunque se les vea en la misa de los domingos y se les escuchen sus referencias celestiales cada tres frases. Y aunque aún tengan colgados en sus muros las fotos de sus rebeldes juventudes, los otros.
La Democracia Cristiana es una expresión que adopta la derecha. Lo sabemos desde cuando transcurrían esas horas trágicas del golpe de Estado y apenas 13 militantes de se partido se opusieron valientemente a la asonada. Lo sabemos desde cuando se comprobó la sedición en la que participó recibiendo dineros de la CIA y otras agencias de USA. Que hay gente decente en ese partido, sin duda. Pero lo que mandan ya vemos qué representan: lo peor de la política.
Y si mutaron en personas con conductas democráticas no debe extrañar: esa mutación alcanzó hasta la ultra derecha más feroz del continente y a los militares, expertos en camuflaje, que hasta hace poco, te pillaban, te mataban.
No es cierto que en la Nueva Mayoría haya un relato, un espacio ideológico que permita una reforma profunda en educación. Se entiende, según lo exigen las mayorías que salieron a las calles y que torcieron el rumbo plácido del modelo.
Lo que hoy se vende como un relato que posibilite cambios, no es otra cosa que un ajuste, un cambio de aceite al modelo, un revisión intra sistémica para que no desborde todo. Es una operación de grandes dimensiones, auspiciada por los amos del mundo, y monitoreada por las Fuerzas Armadas y los grandes empresarios, para que no se caiga el mejor alumno del neoliberalismo.
El día en que el sistema acepte una educación con rasgos democráticos, se cae todo. El día en que se comience a transitar hacia una educación que contraríe esencialmente esta cultura, le seguirá a continuación, en una corrida imparable: la salud, los sistemas de pensiones, la banca, el sistema político, el agua, la energía…el caos.
Por eso es falso que haya bases para construir una nueva educación. Como es falso que el modelo educativo que sufre el país haya sido impuesto a sangre y fuego por la dictadura. Más del noventa por ciento de la legislación que sustenta el modelo educacional fue hecho durante la Concertación.
Cierto: la dictadura borró no sólo el entramado educacional, por cierto más democrático que el presente, sino todo lo poco que se que había construido en decenios de lucha. Y entronizó un modelo económico que es el responsable final de todo lo que se alcanza a ver.
Pero no estuvo sola en ese empeño: las terminaciones hechas por la Concertación en sus primeros años, y continuadas en su madurez, fueron determinantes para tener lo que se tiene.
Por eso resulta casi risible que ahora, cuando la cosa se tambalea, entonces recién, los mismos que terminaron la obra refundacional de la dictadura, se den cuenta que la cosa está mala. ¿Es que antes estaba buena? ¿Aún se seguirá diciendo que no habían mayorías en el Congreso y que era mejor la política de los consensos, ahora rebautizadas de la concina? ¿Es que no fue cierto que la Concertación en toda su existencia no gobernó con la derecha y contra de los estudiantes, trabajadores, pobladores, mapuche, pescadores y un triste etcétera?
¿Ya nos olvidamos de las manitos tomadas y los llantos emocionados cuando la presidenta, la misma de ahora, promulgaba la ley que traicionó a los estudiantes?
No resulta extraño que miembros de esa cosa rara llamada Nueva Mayoría defiendan el actual modelo. No debería extrañar a nadie, salvo a los que se han beneficiado con la mutación penosa de los últimos años.
Importantes referentes y dirigentes de la Concertación, democratacristianos, pepedes, socialistas, han sido ministros y parte del aparato estatal que ha construido el modelo. Y a la vez, con otros no menos conspicuos, han sido y aún son, mega sostenedores del sistema, primario, secundario y universitario. ¿Podrán estar a favor de aquello que amenaza sus negocios? Por lo menos el PC renunció, aunque haya sido a la hora nona a la propiedad de su Universidad…
Lo que resulta extraño es que otrora líderes, partidos y movimientos de la izquierda, hayan aceptado ser cooptados por el sistema.
La izquierda, como sea que se encuentre: fláccida, lánguida, derruida, lastimera, fragmentada, con una mortal tendencia al egocentrismo, señalaba sus reparos profundos, su divergencia abisal con el modelo.
Y parte de ella hoy, ha orzado hacia nortes más tibios. Eso es lo extraño y repudiable. Lo que resulta inexplicable y vergonzoso, es que hoy esa gente que antes se la jugó por otra historia, hoy intente hacer cuadrar el círculo buscando donde no hay, y creyendo en lo increíble: pensar que los que hasta ayer eran de una forma, hoy ya son de otra.
La historia nuestra de cada día, viene demostrando que el que nace canalla, muere peor.
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