Ricardo Candia Cares
Habría
que repetir lo que hemos dicho como una
majadería insoportable: el sistema no se rinde. Se rinden sus operadores, hombres
mujeres de carne, hueso y necesidades económicas, se rinden algunos de sus enemigos,
peor aún, se ubican en el lado opuesto de su discurso histórico, en donde
brilla con mejores destellos el sol.
Pero el
sistema, jamás.
Las
movilizaciones del año 2011 dejaron un optimismo exacerbado en muchos que ya
veían la hecatombe en el núcleo central del poder, y luego, el advenimiento de
la democracia plena, así, casi por secretaría.
No se
entendió que el sistema no se cae sólo, ni menos se suicida. Puede cambiar de
caras, hacer adecuaciones, avisar reformas, comprometer mejoras , pero jamás va
a tocar nada que afecte su centro de gravedad.
Anunciamos
que lo que detonaba en 2011, con orígenes indesmentible en el 2006, no era sino
un acomodo del sistema en términos de cirugía intermedia. Que lo que se
anunciaba con la potencia de las mentiras que intentan convencer, los
trastabillones evidenciados en la derecha, los descuelgues de algunos de sus
cuadros, y la redefinición de ese mapa terrorífico, no era sino una manera de
evitar que la presión interna generara más daño. Fue una purga política, una
válvula de escape, una explosión controlada, antes del reventón.
Del
mismo modo, la reconfiguración visual de la Concertación mediante un anunciado
corrimiento hacia el azul por parte del Partido Comunista, permitió catalizar
un proceso de estabilización al interior de esa ala del bloque hegemónico.
Con
fama de tener importante participación en el mundo social, su inclusión en el
tándem gobernante fue a cambio de parar los movimientos sociales, condición
indispensable para reiniciar el sistema, ahora con sus cimientos reforzados, y
con menos riesgos de derrumbes.
Esta
operación de salvataje del sistema tiene como ejes centrales las diferentes
iniciativas que buscan maquillajes a las cuestiones esenciales en el modelo de
dominación. Las anunciadas leyes
educacionales, sin ir muy lejos, no han sido pensadas en el espíritu de la
CONFECH, la ACES u otros actores. Al
contrario, esos cuerpos legales buscan reforzar un modelo educacional que es el
preciso y adecuado para esta cultura.
Resultaría
una contradicción lógica que en el país se establezca un sistema educacional
democrático, si la cultura que debe reproducir es todo lo contrario.
Cuando
termine todo y se despeje el humo de estos simulacros, veremos que el sistema
educacional chileno, seguirá cumpliendo con su deber de perpetuar un apartheid
que ya está demasiado consolidado.
Luego,
el plan de reforzamiento estructural del sistema impositivo, agrega cambios
bajo el argumento de requerir esos capitales para financiar la reforma
educacional. Ni cortos ni perezosos, los dueños de todo reaccionaron con una
histeria sobreactuada, y lograron dejar las cosas en donde querían: en donde
les beneficia aún más.
De las
reformas al sistema político, en especial el sistema electoral binominal, lo
que va a quedar es un número mayor de parlamentarios, con el correspondiente
mayor cargo fiscal, lo que va obligar a que en vez de los ciento cincuenta y
ocho parlamentarios, de ahora, suban a doscientos cinco las bocas que
alimentar.
Pero lo
de fondo, la Constitución y sus vergüenzas, nada; de la propiedad y usufructo
de las riquezas naturales, nada; del sistema de pensiones que cogotea a los
trabajadores cada día, nada; del sistema de salud hecho para morirse, nada; del
sistema de ISAPRES que más parece un cartel de ladrones que hacen público el
monto de sus asaltos, nada; de la segregación en que viven millones de chilenos
en medio de la más brutal pobreza y su
hija dilecta la delincuencia, nada; de respuestas efectivas a las históricas de
mandas de los profesores que se siguen muriendo sin haber encontrado el más
mínimo intento por hacerles justicia, nada; de los mapuche, copadas su tierras
por latifundistas ladrones y militares,
nada.
Cuando
termine esta pasada y aparezcan en lontananza las siguientes votaciones, ya
todo será olvido. El mundo seguirá
andando. Otras promesas vendrán a ocupar el sitio que dejarán las que ya
fueron. Otras mentiras relevarán a las que ya se les ha acabado la pólvora que
las impulsa y que generan esos fuegos fatuos tan caros para tantos incautos.
Y otros
mentirosos se agregarán a los que ya han hecho una buena parte de su existencia
al amparo tibio de las dietas fiscales, los sobresueldos, los viáticos y
sueldos de grosores respetables.
Y por
ahí cerca, con sus banderas en alto y en sus caras los rasgos propios del que
no sabe para dónde va, los estudiantes hacen sus mejores empeños en reeditar
marchas de gloria, las que aunque
sacaran a millones a las calles, por sí solas no han resuelto ni van a resolver
nada.
Mientras
no entendamos que movilización es por sobre todo un estado de ánimo capaz de
seducir a millones detrás de una consigna, las marchas seguirán siendo
observadas con risas sardónicas desde los balcones del poder.
Fe de
errata: donde dice la consigna Sin nosotros, ni cagando, debe decir: Con ellos,
ni cagando.
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