martes, 3 de marzo de 2015

Mala cosa.



Atrapada en el paréntesis movedizo y áspero que define su anteriores convicciones y sus actuales certezas antípodas. 

Esclava del compromiso contraído son su egolatría que intentó, aupada por sus aduladores y quizás por peticiones made in USA, borrar con un segundo intento el desatino permanente del primero. 

Perseguida por el zumbido insistente de su corte de aduladores, ávidos de poder, figuración y dietas, no parece sentirse incómoda. 

Engalanada por el refulgir de los espejos que muestran de uno lo que uno quiere que muestre, y que no  dan tiempo ni espacio ni ganas ni nada para la sana autocrítica que algo haría. 

Acallada por las normas que le imponen quienes se proponen/le imponen  hablar por ella, a su ruego, es cierto pero peor, y el intento tan frecuente como infructuoso de nombrarla como líder, cuando todos sabemos que cualquier cosa, menos líder. 

Limitada por sus limitantes que centenares de tarjetas nemotécnicas les escriben/leen en su función de ventrílocuos en cuyos verbos y cifras está plasmado aquello que le dicen que existe.

Apabullada por el acarreo incesante de artilugios creados para aumentar las cifras intentadas y vueltas a inventar para convencerla que lo suyo, de Ella, es de muchos y no solo de los poderosos, sus amigos. 

Asistida por políticos de fortuna capaces de trocar plomo por oro, plumas por linajes, mediocridad por lucimiento compilado, ampliado o reducido, según se necesite.

Y lo peor viene ahora.

Rodeada por artilugios para los cuales no existe posibilidad de una impetuosa fogosidad de un amante tardío, de una noche pasional y con vino tinto y poesía. 

Dejándose envejecer al alero estéril del poder si se mira desde el alma.

Mala cosa Michelle….

No hay comentarios:

Publicar un comentario