El
huevón no tiene ley: obra de oficio. Un huevón de buena talla no tiene
inconveniente alguno en decir que algo es blanco aunque no hace mucho
haya jurado su negrura sin detenerse a objetar en su fuero íntimo esa
rareza.
Un Huevón, así, con alta, necesita un jefe para su
existencia, para su reproducción y para casi todo. Y entre más jefes
tenga y mientras más se calce a la cola de ellos, mejor. Más huevón es.
Esa
postura le señala de la mejor manera su naturaleza: antes que él, hay
varios que pensaron vicariamente sus opiniones, por lo que se siente
relevado de ese ejercicio tan complejo. De ahí en adelante, lo que viene
es decir sí a todo.
Para un huevón - huevón, lo peor son
los textos sin subtítulos ni resúmenes, sobre todo si vienen escritos en
letra pequeña: Timen New Roman cuerpo catorce es el límite de lo
cognoscible. Cualquier cosa diferente como que lo obliga a pensar y,
como sabemos, para eso no está
Un huevón promedio, siempre
va a intentar pasar lo más piola posible. Su puesto normal es entre el
medio y la parte de atrás. Las primeras filas y los escenarios le
generan comprensible pánico: constituyen una exposición incómoda que
eventualmente podría exigir cierta iniciativa, y ya sabemos que eso no
está entre sus rasgos.
Los huevones tienen tendencias
endogámicas y por esa razón, junto con no extinguirse, las estirpes
huevonas son cada vez más herméticamente huevonas por eso de inhibir el
ingreso de sujetos no huevones en sus locales, guaridas, cafeterías,
restaurantes, casa de la cultura, esquinas y parques. Lo anterior
asegura huevón para rato.
Una comunidad huevona tiene
lideres que no son tan huevones, pero necesitan parecer huevones por eso
de que en esas sociedad huevonas el principio de la igualdad es de los
más importantes. Tienden a una sociedad de huevones iguales en derecho y
dignidad, aun que los machos alfa del huevonaje, son lo más vivos que
hay.
Un huevón en algunos casos se puede asimilar al
tonto, pero son casos esencialmente diferentes y obedecen a fenómenos
distintos, aunque en el último tiempo hay una tendencia a la aparición
del huevón tonto, pero son casos aislados. Hasta ahora, estadísticamente
despreciables.
Dile al tonto que tiene fuerza, apela la
ironía popular para reírse de aquel al que basta con adular un poco para
que sea capaz de proezas inimaginables. En el caso que nos ocupa, el
sujeto huevón, capcioso como el que más, no caerá en el garlito y optará
por hacerse el huevón.
Un huevón hará su esfuerzo, es
cierto, pero tanteadito. Aplicable en toda su comprensión es aquello de
Flojo, pero vivo el ojo, cuya expresión más extendida sería, Huevón,
pero hasta mediodía.
Pero donde un huevón eximio pondrá su
mejor esfuerzo, será en su intento por trascender mediante sus ideas,
propuestas, proyectos e innovaciones, las que nunca funcionarán jamás.
Sin
embargo, un huevón de peso medio, no se crea, tiene un aspecto
envidiable: su tendencia a la felicidad. No hay huevón que no sea feliz.
Qué envidiable manera de conformarse con poquito, qué arte para elevar a
doctrina la cuestión más pueril, qué delicadeza para el auto
convencimiento, qué serena manera de pasar por la vida sin dejar
huellas. No se conoce caso de huevón infeliz.
Decir huevón y feliz es un abuso de la sinonimia.
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