miércoles, 28 de enero de 2015

Elogio del huevón

El huevón no tiene ley: obra de oficio. Un huevón de buena talla no tiene inconveniente alguno en decir que algo es blanco aunque no hace mucho haya jurado su negrura sin detenerse a objetar en su fuero íntimo esa rareza.

Un Huevón, así, con alta, necesita un jefe para su existencia, para su reproducción y para casi todo. Y entre más jefes tenga y mientras más se calce a la cola de ellos, mejor. Más huevón es.

Esa postura le señala de la mejor manera su naturaleza: antes que él, hay varios que pensaron vicariamente sus opiniones, por lo que se siente relevado de ese ejercicio tan complejo. De ahí en adelante, lo que viene es decir sí a todo.

Para un huevón - huevón, lo peor son los textos sin subtítulos ni resúmenes, sobre todo si vienen escritos en letra pequeña: Timen New Roman cuerpo catorce es el límite de lo cognoscible. Cualquier cosa diferente como que lo obliga a pensar y, como sabemos, para eso no está

Un huevón promedio, siempre va a intentar pasar lo más piola posible. Su puesto normal es entre el medio y la parte de atrás. Las primeras filas y los escenarios le generan comprensible pánico: constituyen una exposición incómoda que eventualmente podría exigir cierta iniciativa, y ya sabemos que eso no está entre sus rasgos.

Los huevones tienen tendencias endogámicas y por esa razón, junto con no extinguirse, las estirpes huevonas son cada vez más herméticamente huevonas por eso de inhibir el ingreso de sujetos no huevones en sus locales, guaridas, cafeterías, restaurantes, casa de la cultura, esquinas y parques. Lo anterior asegura huevón para rato.

Una comunidad huevona tiene lideres que no son tan huevones, pero necesitan parecer huevones por eso de que en esas sociedad huevonas el principio de la igualdad es de los más importantes. Tienden a una sociedad de huevones iguales en derecho y dignidad, aun que los machos alfa del huevonaje, son lo más vivos que hay.

Un huevón en algunos casos se puede asimilar al tonto, pero son casos esencialmente diferentes y obedecen a fenómenos distintos, aunque en el último tiempo hay una tendencia a la aparición del huevón tonto, pero son casos aislados. Hasta ahora, estadísticamente despreciables.

Dile al tonto que tiene fuerza, apela la ironía popular para reírse de aquel al que basta con adular un poco para que sea capaz de proezas inimaginables. En el caso que nos ocupa, el sujeto huevón, capcioso como el que más, no caerá en el garlito y optará por hacerse el huevón.

Un huevón hará su esfuerzo, es cierto, pero tanteadito. Aplicable en toda su comprensión es aquello de Flojo, pero vivo el ojo, cuya expresión más extendida sería, Huevón, pero hasta mediodía.

Pero donde un huevón eximio pondrá su mejor esfuerzo, será en su intento por trascender mediante sus ideas, propuestas, proyectos e innovaciones, las que nunca funcionarán jamás.

Sin embargo, un huevón de peso medio, no se crea, tiene un aspecto envidiable: su tendencia a la felicidad. No hay huevón que no sea feliz. Qué envidiable manera de conformarse con poquito, qué arte para elevar a doctrina la cuestión más pueril, qué delicadeza para el auto convencimiento, qué serena manera de pasar por la vida sin dejar huellas. No se conoce caso de huevón infeliz.

Decir huevón y feliz es un abuso de la sinonimia.

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