lunes, 8 de septiembre de 2014

Fragmento de la novela "Operación Cavancha"

"Se había ganado el derecho para estar en la vanguardia del asalto definitivo. Su unidad había estado en las primeras posiciones durante todo lo que duró la ofensiva final, y ahora, su misión era encabezar ese asalto definitivo y evitar que el tirano abusara de las buenas intenciones del gobierno provisional, insistiendo en condiciones que los ganadores no tiene por qué aceptar a los perdedores. Su unidad estaba compuesta por estudiantes que aún no llegaban a segundo medio, pero que habían dado muestras de una ferocidad en la batalla, que asombraba hasta el más veterano de los combatientes. Una vez un corresponsal de guerra, alucinado por esa tropa de niños casi tan altos como sus fusiles FAL, le preguntó por qué combatía con ellos. No supo de donde vino su respuesta:
- A la edad de ellos el miedo aún no ha sido capaz de eclipsar su odio.
- Y a usted le parece bien eso-, replicó el periodista sin esconder su molestia.
- Odiar es mucho más sano que aparentar una santidad suicida. No confunda el odio con la maldad.
Y dejó al reportero mascullando palabras contra quienes utilizan niños en los conflictos bélicos, mientras desaparecía con su escolta de adolecentes. El objetivo era hacer prisionero al tirano para luego levantar una jurado internacional que investigara sus crímenes y finalmente, depositarlo en una cárcel de por vida, junto a sus principales asesores y colaboradores. La ciudad estaba tomada por miles de hombres y mujeres en armas y el mando hacía esfuerzos para evitar que esa chusma ascendiera hasta los barrios altos en busca de venganza. De hecho, hubo que hacer muchos esfuerzos para que un grupo que había ocupado una batería de obuses de 105 milímetros, cejara en su intención de disparar contra los cerros de Vitacura."

No hay comentarios:

Publicar un comentario