martes, 14 de abril de 2015

Aleuy, promotor de la represión

La simpatía y profundo respeto que se tiene por el pueblo y gobierno boliviano no exime de la obligación de objetar duramente la conducta irresponsable y torpe de su Ministro de Defensa, quien cree que un bordado en su ropa puede llegar a ser una idea inteligente.

Habla bien de la honesta intención de la conducción boliviana el que haya sido destituido por imbécil.

No ha sido replicada esa medida de sanidad política elemental en nuestro país. El siniestro vocero Aleuy el que a muchos nos recuerda la voz arrastrada y amenazante de vocero de la dictadura, Javier Cuadra, demostrando una torpeza y cobardía inéditas, amenaza con la implantación del Estado de Sitio.

Responder al ataque de la delincuencia mediante el estado de excepción por el cual la tiranía dominó y controló al país durante diecisiete años no es solo un acto brutal sino que es además cobarde. Sabe que en la memoria del pueblo Estado de Sitio es sinónimo de represión y muerte.

Fue bajo ese estado cuando secuestraron y degollaron a tres compatriotas y cuando se cometieron las peores atrocidades en contra de la gente sencilla.

Este irresponsable sabe que el estado de sitio  restringe la libertad de transporte, desplazamiento y el derecho a reunión. Puede también detenerse a personas en sus casas o recintos que no sean cárceles.

El vocero amenaza con medidas propias de la dictadura, y ni la presidenta, ni los dirigentes políticos dicen esta boca es mía. Aleuy debería ser procesado por estimular la represión.

La profunda crisis moral en que vive sumergido el sistema político permite exabruptos como el del ministro vocero, que equivale a amenazar con sacar tropas a la calle. Y solo la indolencia  de una presidenta que ha desnudado su absoluta falta de capacidad para el ejercicio del poder, permite a tipos sospechosos, agrios y siniestros, una amenaza de tamaña envergadura.

Harían bien las antiguas de los estados de excepción, buscar las formas de denunciar y procesar a quien se ha atrevido a invocar la herramienta predilecta del tirano para el efecto de amedrentar a la gente ante el descontento generalizado por la corrupción y la ineptitud de todo el sistema de sinvergüenzas que dirige el país. Nadie puede creer que un acto delictivo como es asesinar a un carabinero se pueda combatir mediante el Estado de Sitio.

Aleuy es un sujeto oscuro. Un operador más en el concierto de malandrines que han hecho de sus gestiones soterradas una forma de ascender en las gradas del poder.

Por mucho menos, una torpeza infantil del Ministro de Defensa boliviano, y que trajo aparejado un problema extra para su gobierno, Evo Morales dio una clase de responsabilidad y lo destituyó.

Es lo que debería pasar con Aleuy: salir de su cargo y ser demandado por las víctimas de los atropellos de los derechos humanos en la dictadura, como un promotor de la represión. 

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