Querido
Joaquín Sabina:
Esta vez
tampoco iré a tus conciertos. Te ruego que no me insistas. Tengo razones
económicas por cuanto el ticket más barato ya es una insolencia para mis
bolsillos, también en crisis. Pero a las razones económicas se superponen
las que se relacionan con cuestiones algo más complejas que los precios
exorbitantes que pides por verte.
La última
vez en que viniste, esa vez en compañía de nuestro querido Joan Manuel, me tomé
la libertad de hacerte saber lo mismo, pero quizás no te llegó mi carta y por
eso reincido con ésta.
También en
esa oportunidad consideré que tus conciertos han devenido en una ocasión para
ricos y poderosos. Así, muchos de los que podrán pagar tus entradas evitarán
que sus hijos menores entiendan lo que dicen tus canciones como una legítima
manera de vivir. Y les serán explicadas como excentricidades de un loco
simpático que posa de irreverente y de políticamente incorrecto, pero que en el
fondo es un artista de carne y hueso, higiénico e institucional, como
cualquiera.
Y los tuyos,
a esos que por decir lo que piensan sin pensar lo que dicen les han llegado
muchos menos besos que bofetones, se quedarán sin poder ir a verte por falta de
dinero, o, en el peor de los casos, endeudados nada más que por el cariño que
te tienen.
Y los tuyos,
a esos que por decir lo que piensan sin pensar lo que dicen les han llegado
muchos menos besos que bofetones, se quedarán sin poder ir a verte por falta de
dinero, o, en el peor de los casos, endeudados nada más que por el cariño que
te tienen.
Como verás,
algunos aún son capaces de hacer un esfuerzo por los amigos por la vía de
renunciar a algunos pesos, o pelas, si se quiere.
Pero además,
hemos sabido de tus conciertos en Israel. Y, para decirte las cosas como son,
nos ha causado una honda preocupación. Quizás la crisis económica que viven los
españoles sea muy severa, pero es difícil que lo sea al extremo de que no
puedas saber lo que hace ese país en contra del castigado pueblo palestino.
Quizás tu
economía es compleja y esos dinerillos ganados en tus giras contribuyan a pagar
tus cuentas, pero imagino que para un artista de tu talla habrá medios más
decorosos para tan loable y necesario fin.
Espero que
entiendas estas críticas como las derivadas de un amigo que tiene por ti el
mayor de los respetos y admiración. Como sabes, en mi caso y el de mis amigos
profundamente sabineros, tus letras son una referencia que ayuda a pensar
de la manera más lúcida y libertaria posible en este mundo nuestro en que resulta
cada vez más compleja la vida. Y de manera simultánea, muchas de tus canciones
cumplen el rol salvador del madero flotando en el mar, a las que nos
aferramos cuando el bajón hace lo suyo.
Pero aún
así, te ruego que no me insistas. No iré a ninguno de tus conciertos, pero ten
la certeza que seguiré teniendo por ti el cariño debido a los amigos.
Iba decirte
que si te apetecía compartir un vino, tranquilo, yo habría invitado, me
encontrarías en la mesa dos del bar Cuatro y Diez, entrando a mano derecha.
Pero no. Prefiero juntarme con la gente que conozco y que nunca ha bajado sus
banderas ni ante el riesgo de su propia vida, y menos lo harían ante la
falta de dinero.
Así que
puedes seguir derechito por donde viniste que prefiero recordarte por tus
canciones antiguas, que por los precios de asalto de tus conciertos hechos para
ricos, o por tus andanzas en países en los cuales no se respeta la vida
de los niños, ni la dignidad de las personas y en donde deben sonar como
exóticas tus letras tan libertarias y políticamente incorrectas.
Atentamente,
Ricardo
Candia Cares
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